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Columna invitada

“Lo hago porque quiero”: la peligrosa ilusión detrás del contenido sexual en redes

La explotación sexual digital afecta cada vez más a adolescentes con las redes sociales, algoritmos y plataformas.

15 junio, 2026
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Sacerdote de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. Teólogo moral. Escribe sobre inteligencia artificial, neurociencias y ética aplicada (neuroética, bioética y bioalgorética), con especial atención a la protección de menores y personas vulnerables. Se formó en la Pontificia Academia Alfonsiana, la Pontificia Universidad Gregoriana y el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), y realizó investigación en el Edmund Pellegrino Center for Clinical Bioethics de Georgetown University (Washington, D.C.). 

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María ve cientos de chicas con vidas perfectas, lujos y dinero a sus 19 años, ¿por qué no puedo yo también hacerlo? Lo que parece empoderamiento es explotación sexual. Es un mercado global que creen poder controlar, entrar y salir sin medir consecuencias, producto de la presión social, la desigualdad y la manipulación algorítmica. Según informes, 1 de cada 40 jóvenes, siendo menor, compartió imágenes sexuales a cambio de dinero o favores; 1 de cada 7 conoce a alguien que lo hizo. No es «decisión personal», es un ecosistema que normaliza la explotación bajo etiquetas como «trabajo» o «dinero fácil». Un adolescente y menos un menor no logran comprender ni consentir la gravedad. 

Una industria que rentabiliza el cuerpo adolescente

97% de quienes crean contenido sexual en OnlyFans son mujeres jóvenes. La mayoría de quienes pagan son hombres adultos. Más de la mitad de los adolescentes vio enlaces hacia OnlyFans o Sugar Dating antes de cumplir 18. En las redes abundan mensajes que prometen ingresos rápidos y sutilmente los manipulan recomendando contenido sexualizado a adolescentes en menos de 3 minutos. Según los datos, solo 28% reconoce estas prácticas como explotación. 1 de cada 3 cree que vender contenido sexual es una opción «legítima». Las chicas perciben mayor riesgo; los chicos lo ven más normal. Las plataformas refuerzan la desigualdad: a ellas les ofrecen «monetiza tu cuerpo»; a ellos, «sé mánager». Ellas son el producto; ellos el mercado.

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La ilusión de control

Muchas adolescentes dicen: «lo hago porque quiero», pero lo que hay por debajo es presión del grupo, búsqueda de validación, comparación constante, precariedad económica y algoritmos que premian mostrar más. Cuando la «propina» depende de la piel exhibida, el consentimiento desaparece. Las consecuencias son profundas: grooming, sextorsión, chantaje, difusión no consentida, ansiedad, baja autoestima, suicidios y una huella digital imposible de borrar. El cuerpo se vuelve mercancía y la dignidad queda reducida a un «like».

Una cultura que sexualiza a los niños y maquilla la explotación

En algunas plataformas se exhiben cuentas de niñas influencers gestionadas por adultos, seguidas por hombres desconocidos que presionan para obtener contenido cada vez más provocativo. Con la avalancha de la IA, estas cuentas son material disponible para el crecimiento de la explotación y abuso con imágenes manipuladas con deepfakes, normalizando la explotación. Documentos internos de grandes plataformas admiten que la seguridad infantil es un objetivo secundario.

¿Qué hacer? Una respuesta desde la fe y la razón

  1. Mirar el cuerpo con verdad: no es mercancía, sino templo del Espíritu Santo (1 Cor 6,19).
  2. Hablar del consentimiento real: un menor no puede consentir una transacción sexual.
  3. Formar la afectividad: enseñar a gestionar presión, deseo, comparación y límites.
  4. Acompañar a las familias: lo peligroso suele ser lo normalizado.
  5. Exigir responsabilidad a plataformas y autoridades: verificación de edad y fin de la promoción sexual a menores.
  6. Educar en una cultura de la protección digital «bioalgorética». Necesitamos una cultura del cuidado de todo el ecosistema digital. 

La violencia digital hoy en día no entra gritando, entra susurrando: «es fácil», «todos lo hacen». La fe y la razón nos ayuda a ver más profundo y decirle a cada joven: Tú no eres una mercancía, no tienes precio. Tú vales infinitamente más que cualquier suscripción.

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Autor

Sacerdote de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. Teólogo moral. Escribe sobre inteligencia artificial, neurociencias y ética aplicada (neuroética, bioética y bioalgorética), con especial atención a la protección de menores y personas vulnerables. Se formó en la Pontificia Academia Alfonsiana, la Pontificia Universidad Gregoriana y el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), y realizó investigación en el Edmund Pellegrino Center for Clinical Bioethics de Georgetown University (Washington, D.C.).