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Algo de Tomás Moro y la política

Santo Tomás Moro demostró que es posible vivir el Evangelio en la vida pública. Su ejemplo sigue siendo una referencia para quienes participan en la política y buscan servir a la sociedad.

23 junio, 2026
Algo de Tomás Moro y la política
Santo Tomás Moro, patrono de los políticos.
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El 22 de junio, celebramos especialmente a Santo Tomás Moro (1478 – 1535), patrono de los abogados por ser un gran jurista y patrono de los políticos por haber sido un canciller que sirvió al Estado y, especialmente, a la justicia. Existe también una tradición que lo vincula como patrono de los cómicos, pues se le asocia con el buen humor y la alegría, características que distinguieron a Tomás Moro además de su gran inteligencia. 

Este gran hombre irrumpe en el mundo con su filosofía política, de tal manera que podemos decir que al simple (supuesto) humanismo del inicio del siglo XVI, le agregó un sentido de realidad y de espiritualidad que no estaba en su primera concepción.

Decía Max Weber que al político le corresponde la “ética de la responsabilidad”, es decir, actuar previendo todas las consecuencias, mientras que al santo había que relacionarlo con la “ética de la convicción”, es decir, actuar según lo que se piensa, lo que Dios pide, sin mirar las consecuencias. De ahí que el propio autor considerara que eran irreconciliables.

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Sin embargo, Robert Spaemann observaba al respecto que han existido políticos que han sido santos y, al mismo tiempo, han sido buenos políticos. Santo Tomás Moro es precisamente uno de tantos ejemplos en el que la ética de la responsabilidad y la de la convicción convergen en una misma persona.

En ese mismo sentido, Hans Küng, escribió: “El ejemplo de Tomás Moro demuestra que le es posible a un cristiano vivir en el mundo según el Evangelio y actuar en él a imitación de Cristo; y ello en medio de su propia familia, de sus posesiones y de la vida política: es posible llevar una vida santa en medio de estas distintas situaciones, con sobriedad, sencillez y honestidad, sin caer en fanatismos ni “beaterías”, de modo serio y alegre al mismo tiempo”.

Decía San Juan Pablo II que como laicos de ningún modo podemos abdicar de la participación política. La celebración de Santo Tomás Moro nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la misión política a la que todos estamos llamados, y particularmente a quienes tienen vocación para la acción política.

Hemos de orar para que surjan muchas personas como Tomás Moro, hombres y mujeres con generosidad, con capacidad de servicio desinteresado a la nación, y una apuesta gratuita para asumir la responsabilidad que significa esa autoridad recibida de Dios, para ponerla al servicio de la persona, den un paso adelante en estos tiempos tan difíciles para México.

Pidamos la protección de esta figura ejemplar para quienes estén llamados a servir a la persona y a la construcción del bien común a través de la acción política.

Recordar a Tomás Moro es recordarlo como un  estadista que siempre estuvo al servicio de la persona; que nunca se perdió en la frivolidad y que obedeció siempre a su conciencia, llegando hasta el sacrificio de su vida. Además – como ya lo señalaba Hans Küng entre muchos otros- Tomás Moro tenía un peculiar y buen sentido del humor y llevaba su vida privada y pública con alegría, esa que tanto falta en nuestros políticos y en la política.

Nota: Aprovecho para recomendar la película “A Man for All Seasons” que fue traducida al español con el título de “Un hombre para la eternidad” dirigida por Fred Zinnemann. 

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