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¿Qué celebramos en la fiesta de la Ascensión del Señor?

En la solemnidad de la Ascensión del Señor, celebramos que Jesucristo sube al Cielo para sentarse a la derecha del Padre.

13 mayo, 2026
¿Qué celebramos en la fiesta de la Ascensión del Señor?
La Ascensión del Señor.
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La Iglesia Católica celebra la Ascensión del Señor, una fiesta de gran solemnidad para los cristianos, pues Jesucristo sube al Cielo para sentarse a la derecha del Padre, glorioso y por encima de todos los ángeles, principados y potestades.

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Significado de la Ascensión del Señor

El último de los misterios de la vida de Jesucristo entre los hombres fue su Ascensión al Cielo. Aunque este hecho es motivo de alegría, pues nos da la certeza de que el pago de sacrificio de Jesucristo fue aceptado por Dios Padre como la expiación perfecta por los pecadores, deja entre los hombres una extraña e indescriptible tristeza, producto del amor que sentimos por Jesús, como escribiera en alguna ocasión el Santo Josemaría Escrivá:

Él, siendo perfecto Dios, se hizo hombre, perfecto hombre, carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Y se separa de nosotros, para ir al Cielo. ¿Cómo no echarlo en falta?”.

Para la Iglesia Católica, la Ascensión del Señor es una fiesta litúrgica de gran envergadura con un contenido concentrado en Cristo. “Constituye, además, la máxima dignificación del hombre, pues Jesucristo ha vencido la muerte y el pecado; ha subido al Cielo y está sentado a la derecha del Padre para, como hombre, interceder por nosotros”, explicó el Padre Julián López.

“La Ascensión es un día de fiesta, un día de alegría y de gran solemnidad, puesto que Cristo culmina la obra del Padre; por otra parte, es el preámbulo para la venida del Espíritu Santo”.

La Ascensión de Nuestro Señor nos sugiere también otra realidad; es decir, Jesús, quien nos alienta en la tierra a propagar el Evangelio de la Paz, nos espera en el Cielo. “Esta partida; sin embargo, es también un llamado a la responsabilidad del cristiano porque, si bien, Jesucristo subió al Cielo, también envió su Espíritu para que el ser humano pueda enfrentar las distintas situaciones que la vida le presente”.

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Nuestro abogado en el Cielo

Jesús está ahora en la presencia del Padre y no es necesario realizar otro sacrificio por el pecado. Según las Escrituras, Jesucristo regresó al Cielo a preparar un lugar para nosotros. Este hecho, a su vez, hace posible que podamos ir con confianza hacia la presencia de Dios, pues el cristiano tiene un abogado en el Cielo, quien ha experimentado todo lo que nosotros vivimos en la tierra.

¡Qué consoladoras son las palabras de San Pablo! -explica el Padre Pablo Arce Gargollo, en su artículo “Resurrección, Ascensión y Segunda Venida de Jesús”- cuando nos dice: “Tenemos por nuestro gran Pontífice a Cristo, Hijo de Dios, que penetró a los Cielos… capaz de compadecerse de nuestras miserias, pues las experimentó voluntariamente todas, con excepción del pecado”. Lleguemos, pues, con toda confianza al trono de su gracia, a fin de obtener misericordia y de alcanzar su auxilio en el momento en que lo necesitemos.

De acuerdo con el Padre Pablo, “Cristo subió al Cielo por tres razones principales:

  • para tomar posesión del Reino de su Gloria;
  • para enviar el Espíritu Santo a los Apóstoles y a su Iglesia,
  • y para ser en el Cielo mediador e intercesor nuestro y prepararnos tronos de gloria”.

Finalmente, para la Iglesia Católica, la fiesta de la Ascensión del Señor constituye un llamado a la comunidad cristiana a fortalecerse en la lucha contra las tentaciones de la vida cotidiana, pues nos recuerda que si combatimos con Cristo, con Él seremos glorificados en el Cielo, y aunque Jesús ha dejado la tierra, todo cristiano puede encontrarle a través de la Oración y la Eucaristía, pero, sobre todo, puede participar con Él en la siembra de la paz y la alegría en este mundo.

¿Cómo podemos comprender la ascensión del Señor a los cielos?

De acuerdo con Mons. Salvador Martínez, el evangelio de san Lucas informa que Jesús comenzó a ascender al cielo y nada más. En el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,9-10) da un poco más de información diciéndonos que una nube lo ocultó de la vista de los apóstoles.

Después de esto un ángel los instó a bajar del monte y anunció su regreso de manera semejante. Antes de hablar propiamente de la forma de comprender este acontecimiento debemos detenernos a considerar las características de Jesús resucitado. Jesús tenía cuerpo que se podía tocar, podía comer y ser visto. Sin embargo, su cuerpo podía atravesar sólidos, podía no ser reconocido por quien lo veía, podía trasladarse y estar en sitios lejanos sin tener que trasladarse físicamente; podía desaparecer y aparecer a su gusto.

“Como podemos observar el cuerpo y toda la persona de Jesús resucitado estaba fuera de las coordenadas normales de todo ser humano. A las personas a las que el Señor les devolvió la vida: el hijo de la viuda de Naim, Lázaro, la hija de Jairo, no les dio estas características extraordinarias, más bien los regresó a esta vida, los revivió”, explica Mons. Martínez.

“Cuando Jesús ascendió ante sus discípulos, podemos pensar que físicamente sí ascendió, pero su persona no está viajando por la Galaxia”, continúa Mons. Martínez. “Está a la derecha del Padre, está en el cielo, cualesquiera dimensión que esta sea, y que no está ceñida a este mundo o a sus determinaciones físicas”.

¿A qué compromete al creyente la Ascensión del Señor?

De acuerdo con el padre Oscar Arias, “Para los estudiosos de las Sagradas Escrituras, el fragmento del Evangelio de Marcos que va desde el versículo 9 al 20 del capítulo 16, muy probablemente no fue escrito por el evangelista, sino que puede ser el final de esta obra, resumiendo la memoria fresca de los discípulos sobre las apariciones del Resucitado”.

A lo que se refiere el padre Arias, es que se trata de una especie de memorias  que tuvieron los discípulos, de primera mano, sobre la experiencia de encontrarse con Jesús Resucitado y de cómo fueron cayendo en la cuenta de Su presencia real en medio de ellos.

“Primero se apareció a María de Magdala (versículo 9), luego a dos de ellos (v. 12), luego a los once (v. 14), reclamándoles por su incredulidad y dureza de corazón para creer que había resucitado”

Es justamente en esa escena, donde se encuentra el Evangelio: “y les dijo…” (v. 15) “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer, será condenado”

“Este texto me parece muy actual conforme a una opinión que adjudicaron al Cardenal Robert Sarah, emérito de la Congregación para el culto divino y la Disciplina de los Sacramentos, a quien se atribuía la siguiente idea: lamento mucho que no rijan su vida por los principios cristianos, pero no por ello pretendan que la Iglesia se amolde a su forma de vivir”, comenta el padre Arias.

Un compromiso por la paz

Entonces, de manera que Jesús nos envía, a quienes hemos decidido seguirle, a llevar su mensaje de Amor por toda la tierra, a predicar el Reino de su Padre, para que quien crea en Él tenga vida eterna, vida en abundancia; pero también desde la libertad de quien no quiera dirigir su vida desde los principios cristianos y no llegue a esta plenitud.

“Por un lado, no creo que lo que se pretenda es que toda la humanidad se convierta a una u otra religión, precisamente esta semana hemos sido testigos de los estragos de la guerra en la Franja de Gaza y cómo personas de diferente religión pueden bombardear zonas habitacionales completas, provocando muerte y desolación”.

Para el padre Arias, la Solemnidad de la Ascensión del Señor nos deja tremendo compromiso a los que creemos en Cristo: “ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían” (v. 20).

Ahora nos toca a nosotros dar testimonio de una vida diferente, una vida plena, de mejores condiciones para los demás, “no para que piensen exactamente como yo, sino para que juntos podamos construir el Reino que Jesús vino a proclamar”.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.