¡Buen día!

Leer más
COLUMNA

Cielo y tierra

¡Buen día!

Solemos pensar que un ‘buen día’ es aquel en el que todo nos sale como deseamos, logramos cumplir lo que nos propusimos y llegamos al final del día contentos y satisfechos. En un día así, damos gracias a Dios porque sentimos que fue allanando el camino, permitiendo que todo saliera a la perfección.

14 agosto, 2026
¡Buen día!
La oración y la confianza en Dios ayudan a fortalecer el espíritu y enfrentar las tentaciones de la vida cotidiana. Foto: Desde la fe IA.
Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega Desde la Fe en

‘Hoy no es mi día’. ‘Me levanté con el pie izquierdo’. ‘Todo me sale mal’. ¿Has dicho algo así? Es lo que suele decir quien a tu: ‘¡buen día!’, contesta: ‘¿qué tiene de bueno?’, y te comparte su lista de quejas: se le hizo tarde, el auto no arrancó; olvidó en casa algo importante; ordenó comida y no recibió lo que pidió, llovió, no trajo paraguas y esperando que escampara se topó con alguien que le cae mal.

Solemos pensar que un ‘buen día’ es aquel en el que todo nos sale como deseamos, logramos cumplir lo que nos propusimos y llegamos al final del día contentos y satisfechos. En un día así, damos gracias a Dios porque sentimos que fue allanando el camino, permitiendo que todo saliera a la perfección.

Pero ¿y los días en que nada sale como queremos?, ¿pueden ser considerados ‘malos’? No. Porque en ellos también está presente la gracia de Dios que nos sostiene, incluso más que en los días buenos, para superar lo que nos va pasando. Más aún, mucho de lo que sucede es por nuestro bien. Tal vez si ese día te hubieras levantado a tiempo y el auto hubiera arrancado, habrías tenido un accidente; hubieras perdido aquello que dejaste en casa; la comida que ordenaste te iba a hacer daño; al esperar a que escampara pudiste ejercer la caridad y reconciliarte con esa persona que esperó junto a ti.

Sorprendentemente suele suceder que el supuesto ‘mal día’ resulta igual (y a veces mejor) que el ‘bueno’, porque en éste la gracia de Dios te concede disfrutarlo, y en el otro te sostiene para superarlo. Así que en ambos casos recibes abundantes bendiciones y, por tanto, abundantes razones para agradecerlos.

Agréganos como tu fuente favorita en Google
Agrega Desde la Fe en