Urgente, inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual

  • “No se pretende que reciban un trato preferencial ni compasivo, sino uno igualitario y de respeto a la dignidad humana”, señala especialista.

Abimael César Juárez

“La discapacidad intelectual es una condición que implica funciones cognitivas por debajo del promedio, y limitaciones en las habilidades de comunicación, autocuidado, socialización, participación comunitaria, autonomía, funcionalidad académica y trabajo; tal es el caso del Síndrome de Down, el Autismo, la Parálisis Cerebral y otras alteraciones del desarrollo”, así lo expresó a Desde la fe Gerardo Tamayo Landois, Coordinador del Programa de Inclusión Social, Educativa y Laboral (PISYE) de la Universidad de Monterrey.

En entrevista para este semanario, refirió que las personas que viven con alguna discapacidad intelectual pueden requerir desde apoyos mínimos hasta un acompañamiento muy completo, dependiendo del grado de funcionalidad; hay casos en los que la persona ha podido acreditar su educación primaria y secundaria de manera regular, o permanecido en algún taller o institución educativa; “y eso favorece un perfil laboral satisfactorio, con probabilidades de lograr una inserción laboral exitosa”.


La inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual es urgente y necesaria –comentó– porque ofrece excelentes beneficios a la persona, familia y a la empresa que la contrata. “No se pretende que estas personas reciban un trato preferencial ni compasivo, sino un trato igualitario, respetuoso de la dignidad humana. Por eso se invita a toda la sociedad a integrar, en el ámbito educativo y laboral, a personas con estas características, si su perfil lo permite”.

Gerardo Tamayo explicó que se ha observado que las personas con discapacidad, cuando son posicionadas en un rol de trabajo de acuerdo con su perfil, tienen un buen desempeño laboral; su tiempo de permanencia suele ser mayor que el de las otras personas, en virtud de su generación de hábitos; esto, a largo plazo, da como resultado una menor rotación de personal y una reducción en gastos de capacitación; “estas personas suelen dar excelentes resultados en actividades mecánicas y rutinarias, pues la asignación de una tarea genera en ellas seguridad, y la pueden ejecutar de manera eficaz”.

Tamayo Landois señaló que ya existen instituciones que manejan programas de preparación para la inclusión de personas con discapacidad intelectual. “La Universidad de Monterrey cuenta con el PISYE, fundado en 1995, como una alternativa para que jóvenes que han concluido sus estudios de secundaria o preparatoria continúen su preparación académica en un ambiente universitario, de acuerdo con su nivel cognitivo, mediante cursos que tienen una duración de cuatro años. Asimismo, son candidatos para que puedan participar en algunas clases de nivel profesional, con el fin de promover la inclusión educativa, el respeto, la cooperación, la apertura a la diversidad; y al finalizar puedan ser canalizados a alguna empresa o taller incluyente.

Para finalizar, señaló que es necesario mostrar paciencia a la persona con discapacidad intelectual durante su periodo de adaptación, a fin de generarle confianza y promover la automatización de sus tareas; “también es recomendable incluirlo en los círculos sociales dentro del ámbito laboral, que forme parte de todos los festejos y actividades que se realicen, y que, antes de su ingreso a un empleo, el resto del personal se informe sobre los tipos de apoyos adicionales que requerirá, y los ajustes razonables que deberán aplicarse para favorecer su desempeño laboral”.