Arquidiócesis

Una fiesta que unió a la comunidad

la comunidad
  • A la par de remodelar la Iglesia, la comunidad de esta parroquia recuperó una tradición perdida hace más de 20 años.

Cynthia Fabila L.

Azcapotzalco es una de las zonas de la Ciudad de México con gran arraigo a sus tradiciones, sobre todo a la de sus iglesias, pero la alegría se había marchado de la comunidad de San Lucas Evangelista, donde feligreses y el párroco se dieron a la tarea de rescatar una fiesta patronal que parecía perdida desde hace más de 20 años.

Todo comenzó cuando esta comunidad, hace más de tres décadas, decidió cambiar la fiesta patronal al 25 de diciembre, “para cuando ya tenían dinero”, asegura el párroco de la iglesia, el P. Mario López Escobedo. Diez años después llegó un sacerdote que, sin preguntar a su feligresía, regresó el festejo a la fecha oficial litúrgica, el 18 de octubre. “Esta imposición, a modo de ver de la comunidad, fue tan violenta que a la gente le costó entenderlo y se murió la tradición. La celebración era muy austera y sólo se invitaba al obispo en turno para que celebrara la Misa”, detalla el párroco.

Hace siete años, el padre Mario López llegó a este templo y lo que encontró fue una comunidad abandonada y una iglesia en malas condiciones. “Comprendí que tenía que conocerlos, sus arraigos y tradiciones para ser parte de ellos, trabajar en conjunto y así recuperar la iglesia”, recuerda.

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Lo primero fue rescatar este edificio que data del siglo XVI y XVII, y que es catalogado por el INAH como Monumento Histórico. “Todos cooperaron para quitar las vigas y se colocaron nuevas; se liberaron los arcos, las columnas se restauraron y se colocó un firme y cristales que protegen el retablo de la Virgen de Rosario”. Lo segundo fue rescatar el festejo.

Ahora, la fiesta de San Lucas comienza desde el 10 de octubre con kermés y Misas en la calle y otras actividades, “esta es una comunidad con muchos abuelos, en estas fechas los atiendo con una Misa especial, en donde doy la Unción de los Enfermos, para que se sientan confortados y fortalecidos”, explica el párroco.  Además, por esta ocasión, el fin de semana se llevarán a cabo conferencias con restauradores, historiadores y un teólogo.

El siguiente paso es restaurar una pintura del siglo XVIII de la Virgen del Rosario que ya muestra un deterioro por humedad; el padre y la comunidad están buscando los permisos para restaurarla. “Me siento muy orgulloso de esta feligresía, pues gracias la fusión iglesia- comunidad logramos dignificar el espacio religioso, no sólo la estructura, sino en cuanto a la participación y la integración”, comenta.