Mensaje del Card. Carlos Aguiar Retes en la Primera Jornada Nacional de la Juventud Mexicana

Estamos esta noche ante el Señor, el Pan de la vida, ante Jesús Eucaristía. El Papa san Juan Pablo II, quien ideó este tipo de jornadas a nivel mundial, y de las que se han desprendido estas jornadas nacionales, decía que la juventud es la etapa hecha en el proyecto de Dios para descubrir la vocación, para descubrir qué es lo que Él quiere de mí. Y por eso era su gran interés en acercarse a los jóvenes, para que discernieran su vocación. La juventud: tiempo propicio para escuchar lo que Dios quiere de cada uno de nosotros.

El Papa Benedicto XVI -me tocó escucharle en Alemania en la Jornada Mundial de la Juventud 2005-, dijo algo que me impacto, y creo que impactó más a los jóvenes, pero también a mí, obispo joven entonces. Dijo: “Jóvenes, no tengan miedo a Cristo, porque no les va a quitar nada, y se los va a dar todo”. Porque casi siempre tiene uno ese miedo: ¿Dios qué me va a pedir? Y yo tengo estas inquietudes, estas ilusiones y proyectos. Cristo jamás te va quitar nada, y te lo va a dar todo.

Y el Papa Francisco, como un gran hombre práctico, que baja la Doctrina para que se entienda bien, ha insistido una y otra vez, y seguro nos lo va a volver a decir, a ustedes los jóvenes y a los obispos que asistan al Sínodo en Roma en octubre próximo: la formación, el proceso para que se desarrolle nuestra persona, necesita mente, corazón y manos.


Venimos de una tradición eclesial fuertemente marcada por la mente, racional, desde el siglo XIX, pero estamos pasando desequilibradamente, sin ese sentido de unir la mente y el corazón, a un época donde el sentimiento supera la mente y hace que muchos caigan en un libertinaje que los lleva a ser esclavos de sus tendencias y pasiones, en un gran desorden. Por eso, el Papa Francisco dice: “Mente, corazón…”. Y se adelanta a decir: “y manos”. Es decir, tenemos que poner en práctica lo que racionalmente hemos clarificado, lo que emotivamente consideramos fundamental, hacerlo parte de nuestra vida.

Con estas tres expresiones de los últimos tres Papas -que nos ha regalado la Divina Providencia-, quiero entonces decirles: Esta noche para ustedes puede ser una noche que deje una huella profunda. ¿Cómo puede ser? Seguramente en el programa vendrán momentos de silencio; espero que no se duerman, sino que los aprovechen. ¿Cómo se pueden aprovechar? El silencio exterior permite que afloren nuestros pensamientos, nuestras preocupaciones, nuestras inquietudes, nuestros anhelos, nuestros proyectos de vida. Estoy en silencio y sé que voy a estar frente a Jesús Eucaristía, de manera que tengo que empezar a discernir algo: ¿De todas estas ideas y pensamientos que afloran en mí, cuáles me van a beneficiar y cuáles me van a dañar? Porque hay de todo en mi corazón, hay de todo en mi pensamiento. Y el silencio me permite entrar a ese discernimiento indispensable. Cuando hacemos este discernimiento podemos descubrir las inquietudes que ha sembrado el Espíritu en mí.

Ese es el paso importante: ¿A qué mue mueve el Señor para salir de mí mismo, de la tendencia habitual del ser humano al egoísmo? ¿Qué me podrá llevar, de algo que a mí me apasione y me guste, y que sea sólo para mi bien, a algo que sea para el bien de los que me rodean? Y entonces mi oración aflorará, vendrá espontánea mi petición o mi gratitud a Dios. Para decirle entonces a Jesús: Cuenta conmigo. Y decirle también: Porque sé que cuento contigo. Este es el diálogo interior que ojalá en esta noche deje huella en su corazón, para que oriente su vida como auténticos discípulos de Jesucristo. ¡Muchas gracias!

+Carlos Cardenal Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México



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