Arquidiócesis

Homilía pronunciada por el Card. Carlos Aguiar Retes en la INBG

HOMILÍA II DOMINGO DE CUARESMA.

25 DE FEBRERO 2018.

 

“Jesús tomó a parte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto” (Mc 9,2).

Quiero detenerme este domingo en esta hermosa escena, tan simbólica y llena de enseñanzas, que hemos escuchado del Evangelio de Marcos.

Primero, desentrañar el simbolismo de esta visión que presenta el Evangelista; segundo, ver el significado de los tres discípulos que elige Jesús; y tercero, cuál es la enseñanza para nosotros hoy al escuchar esta narración.

El texto dice que “vieron cómo se aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús” (Mc 9,4); es interesante relacionar lo que significa Moisés, lo que significa Elías, y lo que al final anuncia Jesús, después de esta conversación entre los tres, su camino a la Resurrección.

Moisés es el personaje clave que llevó de la esclavitud a la libertad al pueblo de Israel: lo liberó de Egipto, lo acompañó y lo organizó durante la travesía del desierto 40 años, y le entregó la tierra prometida. Representa Moisés el caminar de un pueblo hacia la libertad.

 

Elías, como padre del profestismo, representa la constante actualización de la Palabra de Dios -a través del profeta- para que el pueblo, ya en la tierra prometida, pueda caminar según las enseñanzas e indicaciones de Dios.

Por su parte, Jesús está conversando con ellos, y son testigos de esta visión los tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan, que los había hecho subir a ese monte alto.

¿Qué significa subir a ese monte alto? Significa detener la cotidianidad de la acción evangelizadora de Jesús y concentrarse en su misión: ¿por dónde hay que caminar, qué tengo que hacer, y sobre todo, la previsión de quienes van a ser los prolongadores de la tarea de la Buena Nueva, de seguirla anunciando, sus apóstoles.

Subir, pues, para aislarse y concentrarse, y estando en esta visión y en esta presencia de los discípulos, se escucha una voz de lo alto que dice: “Este es mi Hijo muy amado” (Mc 9,7), éste es por tanto, a quien tienen ustedes qué escuchar, Él les dirá cómo. La vida de Jesús se vuelve el modelo para todos sus discípulos, para todos nosotros.

¿Qué significa que haya tomado Jesús a tres de sus discípulos y porqué no tomó solo a Pedro, a quien iba a dejar como cabeza del colegio apostólico? Significa que lo que han visto tienen que dar testimonio en comunidad, en comunión entre ellos, y tienen que transmitirlo así a los demás.

Vamos ahora a este punto interesante después de haber analizado el Evangelio. ¿Qué nos dice a nosotros todo esto? Primero, nosotros hemos venido aquí al Cerrito del Tepeyac, hemos subido la montaña, pequeñita; han dejado aquí su cotidianidad, sus tareas diarias, y ustedes han respondido a este momento hermoso de esta visión, primero ¿qué es lo que hizo Jesús? Recogió la historia de su pueblo. Eso significan los dos personajes, Moisés y Elías. Recojamos también nosotros nuestra historia, no solo la personal o la familiar, sino nuestra historia como pueblo, este es el sustrato sobre el cual Dios quiere transformar nuestras vidas, transformar nuestra sociedad.

Venimos aquí para escuchar al Hijo amado, a Jesús, para decirnos que así como actuó Dios en el pueblo de Israel, va a actuar con nosotros, sacándonos de nuestras esclavitudes.

Hoy, han crecido un sinnúmero de esclavitudes en adicciones, donde son muchos de nuestros hermanos que se hunden, que están perdidos; Dios quiere actuar en medio de nosotros, sacarnos de esas esclavitudes para lograr la verdadera libertad, que nos lleve al proyecto de Dios, aprender a amar y a reconocer a los demás como nuestros hermanos.

Para esta tarea, el profeta Elías, representa que así como lo hizo en la historia de Israel, necesitamos constantemente escuchar al Profeta, escuchar la voz de Dios, hacerla resonar en nuestra conciencia, y en consecuencia, actuar.

Pero necesitamos, como nos dice el Evangelio, que cuando tomemos las decisiones, según nuestros contextos, según nuestros círculos de relación, según nuestros compromisos -sean sociales o eclesiales- lo tenemos que hacer en comunión, no individualmente, sino a través de nuestra convicción personal, transmitirlo, compartilo y actuarlo, ejecutarlo.

Esta escena y esta reflexión nos la pone hoy la liturgia en este hermoso tiempo de la Cuaresma. Y quiero advertir que a veces entendemos más la Cuaresma a partir de ciertas expresiones que tiene la tradición sobre el ayuno, la abstinencia de carne, etc. Pero desde el Concilio Vaticano II, ya el Papa Paulo Vi, y hoy de una manera magnífica el Papa Francisco, nos están invitando más a expresar nuestra caridad hacia los demás, más que simple renuncia de cosas en nuestro entorno personal, necesitamos esa renuncia existencial, de no solo pensar para bien de mí mismo, sino tener siempre en cuenta el bien de los demás.

Hermanos, hemos subido al Tepeyac, estamos aquí con María, ¿quién mejor que Ella, nuestra Madre -si para eso precisamente vino- nos podrá ayudar a encontrar a este su Hijo, en quien Dios se complace, el Señor Jesús?

Pidamos a María de Guadalupe que retomemos nuestra historia, pero que no nos quedemos atados a esa historia, sino que la hagamos avanzar hacia un futuro esperanzador, para salir de todas nuestras situaciones que son contrarias a la ley del Amor, a la ley que Dios quiere que impere entre nosotros.

Pidamos a María de Guadalupe que con su ternura -con la que se muestra nuestra Madre- nos ayude a reconstruir el tejido social de nuestra Patria. Que Así sea.

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México