Conociendo al Arzobispo de México: Su personalidad magnética

Marilú Esponda

 

Tras ser nombrado Rector del Seminario de Tepic, el cual había sido trasladado a sus nuevas instalaciones sobre la carretera a Santa María del Oro, el padre Carlos Aguiar lo reorganizó por completo. Buscó que se incrementara la vida comunitaria y se combinara con el trabajo físico. Además, tuvo la idea de que fuera un instituto auto-sustentable, mediante la ordeña de vacas, la elaboración de quesos y el trabajo en distintos cultivos.


A partir de entonces, se veía continuamente a los alumnos con el padre Carlos macheteando en el amplio campo u ordeñando en el establo. Él todos los lunes iba a atender una iglesia cercana a la casa de sus padres. Aprovechaba para llevarles muchos quesos a fin de que se vendieran. Su mamá los distribuía entre todos sus conocidos, y mientras más vendían, más les llevaba. Ocurrió lo mismo con la venta de leche.

“Cuando alguien salía corrido del Seminario –afirma el padre Roberto Gradilla, quien fuera alumno del padre Carlos en el Seminario de Tepic–, hasta las gracias le daba. A quienes él les decía que ya no podían seguir, le mostraban su agradecimiento. Tiene una capacidad muy grande de convencer y de acoger”.

Actualmente el Papa Francisco habla de la imaginación pastoral que debe tener todo ministro de culto. Esa creatividad destacó siempre en el padre Carlos Aguiar: tuvo muchos proyectos originales, como la “confrontación vocacional”, en la que se interrumpía un año los estudios de formación al sacerdocio, a fin de que los alumnos regresaran a sus casas a vivir con sus familias, y trabajaran seis meses en algún oficio, por ejemplo, como cortadores de caña, y posteriormente regresaran al Seminario, para que, desde la óptica de los problemas cotidianos de la vida en familia, vieran con más claridad si Dios los llamaba.

Estableció en Tepic, junto con otros sacerdotes, el Círculo de Estudiantes Católicos, un movimiento inspirado en los Misioneros del Espíritu Santo, que ha sido conocido por muchos jóvenes. Fue también capellán del Club Serra, agrupación llamada así en honor a Fray Junípero Serra, canonizado por el Papa Francisco en los Estados Unidos. Como se sabe, este misionero español predicó en Querétaro y en lo que hoy es California, donde fundó ciudades tan importantes como Los Ángeles, San Diego y San Francisco.

“Cuando él fundó el Club Serra –como un club laico–, su función era ayudar al Seminario consiguiendo recursos para la formación de los estudiantes. Anualmente hacíamos en diciembre una rifa para sacar fondos. Veintidós matrimonios ayudaban a los párrocos en la labor. Había premios muy buenos, y salían también buenos fondos. El objetivo era la convivencia con los seminaristas, para que vieran parejas y familias que participaban en la vida de la Iglesia”, comenta su hermana Analú.

Como Rector del Seminario, a sus 36 años de edad al padre Carlos le tocó presidir la Organización de Seminarios Mexicanos (OSMEX), labor que llevó a cabo de 1986 a 1990. Asimismo, fue nombrado Vocal de la Directiva de la Organización de Seminarios Latinoamericanos (OSLAM), cargo que desempeñó de 1988 a 1991, lo que le permitió volver a vivir de cerca la realidad latinoamericana.

“La etapa más hermosa de mi vida –recuerda el padre Gradilla, actualmente párroco en Puerto Vallarta–, fue cuando estudiaba Teología con él en el Seminario de Tepic; había un ambiente muy agradable; él congregaba, tenía una gran capacidad de convocatoria. Nos reuníamos a tomar café en bolita, y él entre nosotros. Sabía dar confianza, y entre todos hacíamos chorcha. Era muy bueno para el futbol, y sabía hacer con los estudiantes actividades que nos gustaban a todos”.

Pero no sólo en el Seminario congregaba y convocaba. Lo hacía también al interior de su familia. Y lo sigue haciendo aún. Juan Luis, su hermano menor, cuenta sobre lo mucho que el Arzobispo de México disfruta las reuniones familiares que realizan cada año: “Para mi hermano, la familia es un soporte fundamental en todo su actuar; en cuanto tiene una oportunidad, procura la convivencia con la familia: con los hermanos, los sobrinos y los sobrinos-nietos. Además, le gusta mucho jugar dominó. Él es muy bueno en eso, pues requiere de mucho pensamiento y sagacidad”.

 

Tomado del libro: Una Iglesia para soñar