Conociendo al Arzobispo de México: La Biblia, historia viva

Marilú Esponda Sada

(Fragmento de la entrevista al Card. Carlos Aguiar Retes, contenida en el libro Una Iglesia para soñar)

Marilú Esponda: Muchas veces no entendemos cómo debemos acercarnos a la Biblia. Hay quienes hacen una interpretación literal de ella, y hay quienes relativizan su contenido. Usted, que es un especialista en Sagradas Escrituras, ¿podría decirnos cómo debemos apreciar los cristianos las enseñanzas bíblicas?


Card. Carlos Aguiar Retes: La Biblia es la experiencia humana en su relación con Dios; los seres humanos; al introducirnos en ella con la confianza de la fe, descubrimos que el Señor camina con nosotros.

La Biblia es historia viva; nadie puede negar que los hechos que ahí se narran son históricos, no en el sentido de un relato histórico-cronográfico, con fechas, lugares y horas; sería una equivocación reducirla sólo a una historia de personas de carne y huesos, en donde Dios se hizo presente.

Cuando uno profundiza en ese proceso, entonces se entiende perfectamente que no todo lo que la Biblia dice es en un sentido estrictamente literal; es necesario interpretar el texto entendiendo su contexto, donde nace el contenido de lo narrado en el libro.

Este es un criterio fundamental para los católicos, pues así se resuelven muchos problemas cuando se tropiezan con gente que afirma que eso “hay que tomarlo como que está dicho por la boca de Dios, y que no se puede cambiar”. Es más bien la experiencia humana, puesta por escrito, de quienes han descubierto que Dios acompaña al hombre, y esto se actualiza siempre en la vida de los seres humanos. Por eso la Biblia siempre tiene algo que decir, aunque cambien los contextos, porque da respuesta a las interrogantes más profundas del ser humano.

Cuando yo descubrí esto, fue en los estudios de Teología. Tuve dos buenos profesores, quienes nos hicieron entrar en los géneros literarios, los contextos históricos; después me tocó profundizar en ello en la primera especialización en Biblia, en los años setenta, cuando hice el doctorado.

Esos estudios me permitieron vivir mi propia experiencia, y tomar la decisión de que fuera la Palabra de Dios la que orientara mi vida.