Celebra Iztapalapa al Señor de la Salud

  • Al presidir una Misa en la Parroquia San Lorenzo Diácono y Mártir, el arzobispo emérito de la Arquidiócesis de México, Card. Norberto Rivera, explicó que el milagro obrado por Dios en 1850 es también para los habitantes de hoy.

 

Vladimir Alcántara

Este martes 29 de mayo, en que el pueblo de Iztapalapa celebra al Señor de la Salud, el Card. Norberto Rivera Carrera, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de México, acudió a la Parroquia San Lorenzo Diácono y Mártir, donde presidió una Santa Eucaristía con motivo de esta fiesta. A su arribo, fue recibido por Mons. Andrés Peña Vargas, Obispo Auxiliar de la VIII Vicaría Episcopal, y por el P. Óscar Arias, encargado de la parroquia, a quienes ofreció un sentido agradecimiento por la invitación a presidir la Eucaristía.


Este día, los habitantes de San Lorenzo Tezonco, donde se ubica este histórico templo, recuerdan que en el año 1850, en la víspera del Corpus Christi, el Señor de la Salud salvó de una epidemia mortal a los pueblos lacustres del Valle de México. Luego de que los habitantes invocaron la imagen de Jesús colocada en la ermita del lugar, ocurrió el gran milagro: en medio de un campo santo brotó, al pie de un ahuehuete, un manantial de agua cristalina. La fama del milagro se extendió a otras poblaciones cercanas, como Tláhuac y Milpa Alta –que también estaban afectadas por la epidemia– y desde esos sitios acudieron a tomar del agua milagrosa. Aún en la actualidad, muchos pobladores enfermos acuden a la ermita que alberga el manantial, donde los fiscales la distribuyen gratuitamente.

Para llegar a ser santos
Durante la homilía, el Card. Norberto Rivera Carrera explicó que las maravillas que el Señor de la Salud hizo por los habitantes de esta región, no sólo las hizo por los antepasados, sino por todos sus habitantes de hoy; “para que ustedes lleguen a ser santos como Él es santo. ¿Por qué decimos que Jesucristo es santo? ¡Porque pasó haciendo el bien! Y eso es lo que Él nos pide. No nos pide que hagamos milagros ni cosas extraordinarias, sino que hagamos el bien a nuestra comunidad”.

Dijo también que el Señor advierte a su pueblo acerca del peligro de las riquezas, de esas riquezas a las cuales el ser humano apega su corazón, a esas que en el afán de obtenerlas se aplasta a los demás. “El que tiene mucho, sepa que el Señor puso eso en sus manos para que lo administre en favor de los demás, para que cree fuentes de trabajo, para ayudar a los otros. El que tiene poco, no lo entierre como aquel siervo malo que sabía que su señor era muy exigente y le iba a pedir cuentas, y decidió entonces esconderlo en lugar de hacerlo crecer. “El señor nos invita no sólo a crecer como personas, sino a hacer crecer lo que tenemos, a multiplicarlo para bien de todos, para tener una vida digna; pero sin poner nuestra seguridad en las cosas materiales, sin apegar nuestro corazón a ellas”.

En este sentido, el Card. Rivera Carrera relató la anécdota de un hombre anciano que vivía cerca de la Parroquia de San Martín de Porres –donde él era párroco–, a quienes los vecinos asistían llevándole algo de comida; si bien se sabía que tenía dos hijos, nadie los conocía; finalmente, cuando el hombre murió, aparecieron la hija y el hijo, a quienes la comunidad vio pelearse frente al féretro: la disputa era por un suéter y un reloj que el hombre guardaba en un baúl, como únicas propiedades. “Aunque esta historia parezca un cuento, fue real. Este tipo de situaciones se dan más de lo que la gente puede pensar”.

Al término de la Santa Eucaristía, el P. Óscar Arias agradeció al Card. Rivera Carrera el haberse dado el tiempo para acudir a presidirla; asimismo, agradeció a Mons. Andrés Vargas todo el apoyo que le ha brindado. Finalmente, el Arzobispo Emérito fue despedido con un fuerte aplauso por parte de la comunidad de San Lorenzo Diácono y Mártir, que hoy celebra con porras, con representaciones del milagroso acontecimiento, con bailables y con bandas musicales, al Señor de la Salud.


“Jesús no nos pide que hagamos milagros ni cosas extraordinarias, sino que hagamos el bien a nuestra comunidad”.
Card. Norberto Rivera
Arzobispo Emérito de México