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Card. Aguiar Retes: “La mujer es especialmente sensible ante las condiciones de vulnerabilidad”

  • Al participar en la Asamblea Plenaria de la CAL, que se celebra en Roma, el Arzobispo de México señaló que la mujer es en esencia educadora, y por lo tanto, un baluarte de la sociedad.

 

Vladimir Alcántara

Al celebrarse en Roma la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL), que inició el 6 de marzo y se prolongará hasta el 9 del mes, este jueves el Card. Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, participó con su ponencia “La Mujer en la solidaridad con los pobres y el cuidado de la casa común”, en la que habló de la naturaleza antropológica de la mujer y su rol en sociedad, como un signo de los tiempos, “de los que Dios se ha valido para revelar a la humanidad una especial ternura y un camino de dignidad para quienes lo acepten”.
Explicó que en los signos de los tiempos la pedagogía de Dios es la de manifestarse en la realidad más precaria del ser humano, así como en situaciones de abatimiento; en la primera cuestión, se reconoce que el ser humano es vulnerable, y en la segunda, que existen circunstancias que lo arrastran a situaciones adversas, lo cual es visible en el Hijo de Dios, quien, al hacerse hombre, asume esa realidad vulnerable de la condición humana, y posteriormente muchas circunstancias, como el egoísmo, lo llevan a condiciones de vulnerabilidad.

El Arzobispo de México señaló que la Encarnación –representada en la imagen de Jesucristo en el pesebre– nos permite contemplar a María unida a la humanidad de su Hijo, lo que deja en claro que el primer rostro que Jesús reconoció, en su condición de vulnerabilidad, fue un rostro de mujer. En este sentido, señaló que la relación de la mujer con las realidades más vulnerables ha sido y es justamente un signo de los tiempos, pues ésta se hace presente en la sociedad dotada de una especial sensibilidad hacia las condiciones de vulnerabilidad humana, y muestra su solidaridad en virtud de ese elemento constitutivo de su naturaleza y de su rol social.
Explicó que a la mujer le es propia la capacidad de gestar la vida, de manera que “mujer” y “solidaridad con la vida” son elementos concomitantes; y aunada a esta capacidad natural de gestación, se encuentra la identidad de su rol social, que constituye un elemento fundamental de su formación y su progreso en distintos ámbitos, especialmente en el moral. Externó que la mujer es en esencia educadora, pues cuando acompaña este noble proceso, tiene la capacidad de hacer aflorar lo mejor de cada persona, convirtiéndose en baluarte de diversos campos del conocimiento, lo que permite ahondar en el discernimiento de su responsabilidad con el entorno: hoy por hoy, en su figura se sigue haciendo presente el más importante rol social: la educación.

Por otra parte, aseguró que una sana comprensión de la antropología nos permite entender que entre el hombre y la mujer existe una unidad, por su correlación y complemento, y concluir que sus diferencias no son un factor despectivo, sino que potencializan a ambos, los enriquecen y humanizan a la sociedad. Expresó que, bajo esta conciencia, la mujer se solidariza con una justa visión de su ser, que emana de un claro fundamento antropológico, con el cual se puede hacer frente a ideologías que muchas veces disfrazan de derechos criterios que pretenden diluir los roles sociales entre hombres y mujeres, desvaneciendo su identidad y constituyéndolos en meros productos.

El Card. Aguiar Retes dijo que a la acción solidaria de la mujer, y a su identidad en el entorno social, se agrega una sublime y noble dimensión de la conciencia humana: la fe, que nos lleva al conocimiento de Dios y al reconocimiento del hombre. Explicó que, como en la experiencia de Jesús, la de todos los seres humanos también es ver primero el rostro de una mujer, que aparece confiable y tierno, como un signo de los tiempos, profético para las personas que padecen circunstancias adversas. Señaló que, al mismo tiempo, la especial sensibilidad y compromiso de la mujer con los más vulnerables, es un aporte a las instituciones públicas y privadas, políticas y laborales, pues les revela el rostro de los pobres, así como a los pobres les revela el rostro de Dios.

Por otra parte, explicó que el Magisterio del Papa Francisco nos ha dado a todos, con fuerza profética, los elementos para que nadie quede excluido de la responsabilidad para con la “casa común”, y tanto el hombre como la mujer tienen esta encomienda de cara a Dios desde la fe, y de cara a la humanidad en su devenir histórico. “Un punto clave en el cuidado de la casa común, que se convierte posiblemente en uno de los más grandes retos para el bienestar de la humanidad y el futuro del planeta, es encontrar la sabiduría de aunar los avances científicos y tecnológicos a los discernimientos éticos, ya que si la política global camina separada de la moral, y se conforma con un mero pragmatismo reflejado en la economía y el mercado, terminará por llevar al colapso la ecología mundial, lo que afectaría a todo ser viviente sobre la tierra”

Finamente, señaló que la mujer guarda una especial relación con la tierra en tanto su capacidad de gestar vida, lo que la hace custodia natural de la misma; sin embargo, la solidaridad de ésta con los pobres y el cuidado de la casa común, requiere de voluntades que generen escuelas de reflexión sobre el tema, para avanzar por caminos de paz y de justicia, conscientes de la responsabilidad e impactos sociales, “de cara a Dios por la fe, y de cara a la humanidad en la historia”.