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Boletín de prensa

La Navidad es la fiesta de la presencia de Dios entre los hombres: Arquidiócesis Primada de México
  • Que el 2020 sea un espléndido año en donde crezcamos y seamos el fermento y levadura de nuestra sociedad, llevando los valores que Jesús trajo al mundo, dijo el Cardenal Carlos Aguiar Retes
  • Una Navidad materializada y reducida tan sólo a gozar los encantos pasajeros y superficiales, traerá una falsa alegría y un vacío en el alma
  • Esta celebración nos habla del gozo espiritual por el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre para salvarnos

El Arzobispo Primado, Cardenal Carlos Aguiar Retes, aseguró que la Navidad es el principio de nuevo de nuestra vida, el encuentro con los demás, en donde encontramos la alegría y el entusiasmo para continuar siguiendo a Jesús, para ser su comunidad de discípulos.

“Que el Señor los siga bendiciendo a ustedes, les deseo de todo corazón, para que el 2020 sea un espléndido año en donde crezcamos y en donde podamos ser ese fermento y levadura de nuestra sociedad, llevando los valores que Jesús trajo al mundo: justicia, paz, bondad, misericordia de Dios nuestro Padre y entregándonos y transmitiendonos el Espíritu Santo para que podamos hacerlo realidad”, sostuvo en un mensaje de Navidad y Año Nuevo dirigido al pueblo de México.


En este tenor, la Arquidiócesis Primada de México recuerda a toda la población que la Navidad nos habla del gozo espiritual por el nacimiento del Salvador, en ella agradecemos a Dios por habernos hecho hijos suyos en Jesús, y hermanos de todos los redimidos por Jesús.

Por ello, se debe tomar en cuenta que una Navidad materializada y reducida tan sólo a gozar los encantos superficiales y pasajeros sin que Jesús sea el centro y principal mensaje, no traerá más que una falsa alegría y un vacío en el alma; por eso la Arquidiócesis Primada de México invita a los ciudadanos y a las familias a vivir esta celebración como una fiesta de gratitud a Dios; y que esta fiesta se manifieste en los signos externos de los que tenemos necesidad para expresar lo que llevamos dentro.

 

Convivamos con nuestra familia de una forma más íntima y cálida; manifestemos nuestro cariño a los amigos y vecinos, nuestro respeto a quienes no lo son, y demos preferencia a participar en la Santa Misa, porque vivir la Vigilia de Navidad, con la tradicional Misa de Gallo, es como si nos uniéramos a los pastores convocados por los ángeles a adorar al Niño que ha nacido en la gruta de Belén.

La Navidad es la fiesta de la presencia de Dios, presencia que nos alegra y nos lleva a alcanzar la fraternidad entre los hombres, sin importar raza ni condición social. La Navidad es, por tanto, la fiesta del gozo de ser hijos de Dios, la alegría de pertenecer a una misma familia donde Dios es Padre de todos.

El Evangelio señala que “todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta diciendo: He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios con nosotros” (Mt 1,22-23).

El verdadero encanto de esta celebración es tener presente que Dios se hizo hombre para salvarnos y permitirnos que Él viva en nuestros corazones; así más allá de comprar regalos y dispersarnos en excesos, lo que debemos buscar es regalar el perdón, aportar nuestros esfuerzos en familia y ofrecer el noble compromiso que brota de nuestro interior.

Así, al celebrar siempre la Navidad, tenemos que agradecerle a Dios que haya enviado a su Hijo para salvarnos, y también hemos de cancelar rencores, aclarar los malos entendidos y abrirnos a la reconciliación; además, ayudemos a las personas necesitadas, pues la solidaridad de unos hará que otros sientan que el Señor se hace presente en su vida.

Con la Nochebuena, y las fiestas que le siguen, que todos tengamos una Feliz Navidad.

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