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Divorcio: la herida silenciosa que marca de por vida a los hijos

El divorcio impacta profundamente a los niños: afecta su salud emocional, su desarrollo y sus relaciones futuras, advierte especialista.

POR  Jorge Reyes
20 marzo, 2026
Divorcio: la herida silenciosa que marca de por vida a los hijos
El divorcio no solo afecta a la pareja: los niños pueden experimentar ansiedad, tristeza e inseguridad ante la ruptura familiar. Foto Especial.

El divorcio no es sólo la disolución de un vínculo legal: es una transformación profunda que impacta la vida emocional, social y hasta física de quienes lo viven, especialmente de los niños. Así lo advirtió la Mtra. Ana Ramírez Valencia, investigadora del Centro de Estudios de Familia, Bioética y Sociedad de la Universidad Pontificia de México.

Al dictar la conferencia “Divorcio, ¿una vía que vulnera el derecho de los niños a una familia?”, la especialista planteó, desde un enfoque de derechos humanos, una pregunta clave: ¿realmente el modo en que hoy se gestionan los divorcios protege el interés superior del niño, o lo deja en segundo plano?

El interés superior del niño: ¿criterio rector o ausente?

Para Ramírez Valencia el punto de partida es claro: los niños tienen derecho a vivir en una familia, no solo como estructura formal, sino como un entorno real de estabilidad, afecto y protección. Este principio, consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño, obliga al Estado a garantizar condiciones que favorezcan su desarrollo integral.

Sin embargo, subrayó al ofrecer su conferencia en el marco de la celebración del Festival de las Familias organizado por la Pastoral de la Familia y Adultos de la Arquidiócesis Primada de México, en la práctica, muchas decisiones de divorcio se centran en los adultos, dejando a los menores como “daños colaterales”.

La especialista indidó que en México, por ejemplo, cerca del 23% de los divorcios involucran hijos menores, lo que significa que miles de niños experimentan cada año la fragmentación de su entorno familiar.

A esto, añadió, se suma que alrededor del 70% de los divorcios se realizan bajo la modalidad de “divorcio exprés”, un mecanismo ágil que, si bien facilita procesos legales, puede eliminar espacios clave de reflexión, mediación y acompañamiento, para la pareja e incluso para los hijos, sin importar la edad que puedan tener.

Consecuencias profundas: emocionales, sociales y físicas

La evidencia presentada por la investigadora del Centro de Estudios de Familia, Bioética y Sociedad muestra que el divorcio tiene efectos multifacéticos que pueden extenderse durante toda la vida, ya que ocasiona un impacto emocional y psicológico.

Según la información presentada, las consecuencias psicológicas y emocionales a corto y largo plazo del divorcio en los niños incluyen:

  • Afectación en la estabilidad emocional: Entre un 20% y un 25% de los niños expuestos al divorcio de sus padres desarrollan problemas emocionales.
  • Problemas emocionales específicos: Esto incluye cuadros de ansiedad, depresión o dificultades de adaptación.
  • Manifestaciones menos visibles: Se observan inseguridad emocional, sentimientos de culpa, disminución de la autoestima y dificultades para confiar en los demás.

“Estas respuestas no son reacciones patológicas aisladas, sino intentos del niño por procesar una ruptura que excede sus capacidades cognitivas y emocionales. Los niños sienten el conflicto y la inestabilidad, y dependiendo de su edad, pueden no entender lo que sucede, llegando a pensar que es su culpa. La intensificación de estos efectos puede aumentar cuando el conflicto parental se agrava”, destacó la Mtra. Ramírez Valencia.

El daño aumenta con el conflicto parental

Ana Ramírez señaló que uno de los aspectos más relevantes que se han detectado entre los menores cuando hay un divorcio es que no solo la separación los afecta, sino la forma en como esta ocurre. Es decir, que muchas veces la exposición a conflictos constantes, descalificaciones o confrontaciones entre los padres intensifica el daño en ellos.

Dichos daños, precisó, se pueden dar de la siguiente manera:

  1. La exposición prolongada a dinámicas de confrontación, hostilidad o descalificación entre los progenitores genera un mayor impacto que la separación en sí misma.
  2. La erosión del entorno afectivo inmediato compromete la sensación de inseguridad y estabilidad del niño.
  3. Las implicaciones profundas en la configuración de las relaciones afectivas pueden generar lealtades divididas, confusión emocional y dificultades en la construcción de vínculos sanos.
  4. Las dificultades para confiar en los padres y figuras de autoridad se traduce en trayectorias sociales más frágiles.

“Todas ellas pueden provocar confusión emocional y afectar la capacidad futura de los niños para construir relaciones sanas a futuro”, advirtió.

Impacto en la escuela y la vida social de los menores

La especialista de la Universidad Pontificia de México indicó que el divorcio también trasciende el hogar, por lo que impacta en el ámbito educativo y en la futura vida social de los niños y niñas que viven una situación de estas

Según la exposición presentada, las principales consecuencias del divorcio en el aspecto escolar y social de los niños son:

  • Mayor incidencia de conductas disruptivas o antisociales en ciertos casos. Especialmente cuando el contexto familiar se caracteriza por conflicto persistente o ausencia de figuras parentales estables. Estos comportamientos son respuestas a entornos percibidos como inseguros o impredecibles.
  • Rechazo hacia la idea del matrimonio o la vida en pareja en la vida adulta. La experiencia del divorcio incide en la forma en que los niños proyectan sus relaciones afectivas futuras.
  • Bajo bienestar escolar. Entendido como la capacidad del niño de integrarse en la escuela, en su grupo y de establecer relaciones y participar activamente en el entorno educativo. Pueden ser excelentes estudiantes pero no conviven, no desarrollan otros vínculos, no saben cómo hacerlo o huyen de los conflictos con amigos.

El divorcio también golpea a los adultos

De acuerdo con la especialista, el divorcio también termina afectando la salud física y mental de los adultos de varias maneras:

Salud Mental:

  • Incremento de síntomas: Puede asociarse con un incremento en síntomas de ansiedad, depresión, estrés e incluso trastornos más complejos, particularmente en contextos de alta conflictividad.
  • Sentimientos de fracaso y desorientación: Se observa la presencia recurrente de sentimientos de fracaso, pérdida, desorientación y cuestionamiento personal.
  • Continuación de problemas preexistentes: Si ya existían conflictos, problemas de autoestima o estrés antes del divorcio, la estadística indica que estos problemas continuarán y no se acabarán con la separación.

Salud Física:

  • Incremento de enfermedades: Se ha encontrado una asociación entre el divorcio y un incremento de enfermedades cardiovasculares, hipertensión y otros indicadores de deterioro físico.
  • Exposición prolongada al estrés: Este fenómeno se explica por la exposición prolongada al estrés y por los cambios en los hábitos de vida que acompañan la ruptura.

¿Se está protegiendo realmente a los niños?

Desde la perspectiva de Ana Ramírez Valencia, el modelo actual prioriza la rapidez en la resolución del conflicto entre adultos, pero no garantiza la protección integral de los menores. Por ello, ante la realidad de que los divorcios siguen aumentando y la afectación en los menores es grave, propuso una estrategia que puede mitigar el impacto negativo del divorcio en niños y niñas:

  1. Continuidad del vínculo con ambos progenitores: Mantener la relación con ambos padres es crucial.
  2. Presencia de redes de apoyo emocional: Contar con el soporte de familiares extendidos, abuelos, amigos, iglesia y la comunidad en general.
  3. Gestión adecuada del proceso de separación por parte de los adultos: Las reacciones emocionales de los padres, su capacidad para evitar la instrumentalización del menor y su disposición a mantener dinámicas de crianza cooperativa influyen directamente en la experiencia del niño.
  4. Estabilidad, ausencia de hostilidad persistente y disponibilidad afectiva de los adultos: Estos elementos son clave para favorecer procesos de adaptación más saludables.
  5. Acompañamiento y apoyo para disminuir las probabilidades de efectos negativos: Una vez que el divorcio ha ocurrido, es importante identificar los “focos rojos” y acompañar a los niños para sacarlos de situaciones de vulnerabilidad.
  6. Participación activa de ambos padres en la crianza y educación: Incluso después de la separación, si ambos padres continúan activamente en la vida de los hijos, los resultados pueden ser muy positivos.

¿Cuál es el papel que debe cumplir el Estado?

De la misma manera, la investigadora planteó el rol que debe cumplir el Estado en la protección del derecho del niño y niña a tener una familia y en la mitigación de los efectos negativos del divorcio, desplegando mecanismos como:

  •  Programas de acompañamiento para familias: Especialmente para aquellas que empiezan a mostrar “focos rojos” de conflicto.
  • Provisión de recursos accesibles: Facilitar el acceso a psicólogos, terapia de pareja y apoyo para los niños, ya que muchas familias no tienen los recursos económicos para pagarlos.
  • Garantizar el derecho del niño a tener una familia: El Estado tiene la obligación de proteger este derecho y el vínculo donde se desarrollan los niños.
  • Desplegar recursos para ayudar a cumplir el derecho del niño: Esto implica asegurar que los servicios de apoyo sean suficientes y accesibles, evitando largas esperas para citas o tratamientos.

Una llamada urgente: poner a los niños al centro

Finalmente, la Mtra. Ramírez Valencia aseveró que el divorcio es una realidad social que no puede ignorarse, pero sí debe replantearse, ya que no se trata de negar su existencia, sino de cuestionar cómo se vive y cómo se gestiona.

Subrayó que cuando no se toman en cuenta sus efectos, el divorcio puede convertirse en una experiencia que marca de por vida a los hijos, ya que las afectaciones abarcan desde lo emocional, lo educativo y lo social, en cada una de las etapas de desarrollo de los menores.

Y recalcó que el verdadero desafío no es solo resolver la ruptura de la pareja por medio del divorcio, sino garantizar que los niños no pierdan su derecho a crecer en un entorno de amor, estabilidad y cuidado.



Autor

Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM, con una trayectoria de más de 30 años como periodista en medios como Reforma, El Centro y Notimex, así como funcionario de comunicación social en dependencias de gobierno y legislativas. Actualmente trabaja como periodista especializado en temas de religión.