Virgen de Guadalupe
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“Mi niña, confía en que todo va a estar bien”

Norelia Hernández habla del dolor de perder a un hijo y cómo la Virgen de Guadalupe la ha sostenido con amor.
Norelia Hernández en la Basílica de Guadalupe. Foto: Ricardo Sánchez.
Norelia Hernández en la Basílica de Guadalupe. Foto: Ricardo Sánchez.

La tarde del martes 12 de junio de 2019, un día después de que su hijo Norberto Ronquillo fue hallado sin vida en un predio de Xochimilco, tras varios días secuestrado, Norelia Hernández tomó un Uber y, acompañada de un amigo, se dirigió a la Basílica de Guadalupe.

Horas antes, en una improvisada conferencia de prensa, en lugar de exigir la renuncia de los responsables de la seguridad de la Ciudad de México y castigo ejemplar a los asesinos, anunció que los perdonaba y dejó a su hijo en manos de Dios.


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Un año y medio después, en vísperas de las celebraciones de este 12 de diciembre de 2020, Norelia Hernández habla de aquel día como uno de los más importantes de su vida.

No recuerda muy bien cómo sucedió, pero un conocido en común le avisó que recibiría una llamada de la Arquidiócesis Primada de México. Era Marilú Esponda, entonces directora de la Oficina de Comunicación, a quien no conocía.

Además de mostrar sus condolencias, Marilú le extendió una invitación del Cardenal Carlos Aguiar Retes, para orar frente a la tilma de Nuestra Señora. Hasta la fecha, Norelia asegura que, en el fondo, fue la Virgen de Guadalupe quien la buscó.

“Yo estaba en la funeraria, hueca, porque en esos momentos en verdad no entiende uno nada”.

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Sin pensarlo, acompañada de su amigo, se dirigió al santuario mariano, donde la esperaba monseñor Jorge Palencia, canónigo de la Basílica de Guadalupe.

“Fue maravilloso, maravilloso, una sensación que yo me imagino que así sentían los apóstoles al recibir al Espíritu Santo (…) Yo le agradezco a Dios y a la Guadalupana porque en esos días de tanto dolor me acogieron, porque yo estaba perdida y no sabía ni en qué pensar. Mi corazón estaba partido y no tenía consciencia, pero Ella me buscó, mandó un ángel por mí”.

“Sentí una paz que me ha acompañado hasta este momento. Lloro mucho por mi hijo cuando tengo que llorar, porque la parte humana ahí está. Lo extraño y extraño sus abrazos y sus besos y todas las cosas lindas que él me decía”.

Cuando sus amigos y conocidos le preguntan cómo ha logrado salir adelante pese a todo, ella asegura que lo ha hecho gracias “a la fuerza de amor” que recibió aquel día.

“Fue algo maravilloso. No lo puedo explicar, era un calor, pero un calor hermoso, como un abrazo, como cuando una Madre te acoge y te dice ‘todo va a estar bien, mi niña, confía en que todo va a estar bien’. Yo solamente confié y sigo confiando”.

 

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