Velas en la Basílica de Guadalupe. 11 de diciembre de 2020. Foto: María Langarica.
Esta nota se actualizó el 10 de diciembre de 2025
Pedirle a la Virgen de Guadalupe es tan sencillo y natural como hablar con una madre. Así lo explica el Rector de la Basílica de Guadalupe, quien recuerda que la forma de dirigirnos a ella se entiende con nitidez en el relato de las apariciones: el Nican Mopohua, que en náhuatl significa “Aquí se cuenta”.
Si te interesa leer el relato completo puedes hacerlo dando clic sobre el nombre: Nican Mopohua
En el Nican Mopohua, la Virgen de Guadalupe se presenta como la Madre de Dios, específicamente de Nuestro Señor Jesucristo, y también como madre cercana y compasiva para Juan Diego, el mensajero elegido para llevar su palabra.
Entre las frases más luminosas se encuentran:
“¿No estoy yo aquí que soy tu madre?… ¿No estás en mi regazo y corres por mi cuenta?”
Sus palabras, junto con la curación milagrosa del tío Juan Bernardino, dejan claro quién es ella y cuál era el propósito de pedir una “casita sagrada”: ser un lugar desde el que escuchar, consolar y acompañar a su pueblo.
Así es que a ella nos podemos dirigir, ni más ni menos, como nos dirigimos a una madre. Con cariño, con confianza, con respeto y amor.
Historia de la Virgen de Guadalupe.
La Virgen sabe que cargamos problemas: falta de trabajo, enfermedades, conflictos familiares y tensiones entre generaciones. Juan Diego mismo intentó cargar en soledad con la grave enfermedad de su tío, y por ello evitó el camino donde la Señora del cielo lo esperaba. Pero ella lo buscó para mostrarle que el aislamiento no sana.
Como buena madre, también nos corrige cuando es necesario. Nos hace ver que muchos de nuestros dolores tienen raíces en nuestras decisiones, y que la verdadera sanación sólo llega cuando estamos dispuestos a cambiar para bien.
Madrecita mía de Guadalupe, madre de Jesucristo, verdadero Dios,
vengo a ti como hijo amado a visitarte y a poner mis pesares y alegrías delante de ti.
Agradecemos las cosas buenas que nuestro Padre Dios nos ha dado,
y también las difíciles y dolorosas.
Te pedimos que nos cubras con el manto de tu intercesión,
para que la enfermedad, las peleas y las carencias económicas se aparten,
y podamos vivir contentos sirviendo a Dios, a Ti y a nuestros hermanos. Amén.
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