25 de mayo: La Iglesia Católica celebra a San Gregorio VII, Papa
Antes de convertirse en Papa, San Gregorio VII colaboró estrechamente con cinco pontífices y conoció de cerca los conflictos políticos y religiosos de Europa, experiencia que más tarde marcaría su histórico pontificado.
Monje benedictino, reformador y pontífice, San Gregorio VII dedicó gran parte de su vida a fortalecer la Iglesia y combatir las prácticas corruptas que afectaban la elección de los papas y la vida eclesiástica en Europa.
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¿Quién fue san Gregorio?
San Gregorio VII nació en el año 1020 en Soana, Toscana, en el seno de una familia humilde. Sin embargo, uno de sus tíos, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, se encargó de su educación y formación.
En busca de una mayor preparación intelectual y espiritual, recorrió diversos centros de estudio en Francia, Alemania y Roma, antes de ingresar a la vida monástica.
Su vida monástica y cercanía con los papas
El convento al que pertenecía formaba parte de la Orden de San Benito. Allí permaneció varios años hasta que, en 1045, Papa Gregorio VI lo llamó para desempeñarse como su secretario privado.
Incluso acompañó al Pontífice durante su destierro en Colonia, en 1046. Tras la muerte de Gregorio VI, regresó a la Abadía de Cluny.
Años más tarde, en 1049, fue nuevamente llamado a colaborar de cerca con el Papa, esta vez junto a Papa León IX, quien lo nombró legado pontificio. Gracias a este cargo pudo conocer de cerca las altas esferas sociales y políticas de Europa.
Además, León IX lo designó abad de la Basílica de San Pablo Extramuros.
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Su camino al pontificado
En 1059, Papa Nicolás II lo creó cardenal archidiácono y administrador de los bienes de la Iglesia. Desde esa responsabilidad participó en los Concilios de Lyon y Tours, en Francia.
San Gregorio VII colaboró estrechamente con cinco pontífices, experiencia que lo preparó para convertirse posteriormente en cabeza de la Iglesia.
Tras la muerte de Papa Alejandro II, recibió la ordenación sacerdotal el 22 de mayo de 1073 y fue consagrado obispo el 29 de junio del mismo año.
Finalmente, fue proclamado Papa por aclamación popular en abril de 1073. A partir de entonces dejó atrás su nombre de bautismo, Hildebrando di Soana, para asumir el nombre de Gregorio VII. Tenía entonces 53 años.
La lucha contra la simonía
Uno de los rasgos más importantes de su pontificado fue su firme combate contra la simonía y la intervención de familias poderosas y gobernantes en la elección de los papas.
En aquella época, distintas figuras políticas de Italia y Europa influían directamente en asuntos eclesiásticos. Entre ellas se encontraba Enrique IV, quien intentó enfrentarse al Papa debido a sus esfuerzos por reformar la Iglesia y combatir esas irregularidades.
Ante esta situación, Gregorio VII convocó un concilio que terminó excomulgando al monarca y privándolo de su trono. Aunque Enrique IV realizó varios intentos por atacar Roma, no logró derrotar al pontífice.
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Su legado en la Iglesia
San Gregorio VII falleció el 25 de mayo de 1085. Sus restos reposan actualmente en la Catedral de San Mateo.
Durante su pontificado también se fundó la Orden de los Cartujos, una de las comunidades monásticas más importantes de la Iglesia.
Fue beatificado en Roma en 1584 por Papa Gregorio XIII y canonizado en 1726 por Papa Benedicto XIII.


