24 de marzo: la Iglesia celebra a San Oscar Arnulfo Romero, patrono de Caritas Internacional
San Óscar Arnulfo Romero es el primer arzobispo de América en ser canonizado y el primer santo de El Salvador. Fue asesinado mientras oficiaba misa.
Uno de los grandes santos del siglo XX es San Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), arzobispo metropolitano de El Salvador, quien fue asesinado por haber denunciado en sus homilías graves violaciones a los derechos humanos y haber manifestado su solidaridad con los pobres y las víctimas de la violencia en su país.
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¿Quién fue Monseñor Oscar Arnulfo Romero?
San Óscar Arnulfo Romero nacido el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, El Salvador. Vivió una infancia junto a sus otros hermanos en un entorno acentuado por la sencillez, la humildad y el fervor a la Virgen María y Dios.
Desde pequeño le enseñaron el oficio de carpintero, pero él siempre tuvo la convicción de convertirse en sacerdote. A los 13 años, ingresó al Seminario Menor Claretiano de San Miguel, y en 1937 entró al Seminario de San José de la Montaña de San Salvador, dirigido por los jesuitas.
Ese mismo año, se trasladó a Roma para estudiar teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde conoció a Mons. Giovanni Battista Montini, futuro Papa Pablo VI.
El día de su ordenación sacerdotal, el 4 de abril de 1942, escribió en su diario palabras que se convirtieron en profecía:
“Deseo ser una hostia para mi diócesis”.
Ministerio sacerdotal y episcopal en El Salvador
Regresó a El Salvador por la Segunda Guerra Mundial. En 1943, y fue nombrado párroco de Anamorós y posteriormente en San Miguel. En 1968 fue elegido secretario de la Conferencia Episcopal. Y dos años después, Pablo VI lo designó obispo auxiliar de San Salvador.
Tras ser obispo de Santiago de María, en 1977 fue llamado para convertirse en arzobispo metropolitano de San Salvador. Este nombramiento ocasionó controversia y especulación sobre si podría enfrentar la dramática situación que estaba enfrentando el país; es decir, la guerra civil entre las fuerzas armadas y los grupos insurgentes.
Tras el asesinato de Rutilio Grande, hombre pacífico y luchador, Mons. Romero sintió una gran responsabilidad pública. Encuentra en el anuncio del evangelio la denuncia de la situación social que vivía su pueblo.
Una de sus primeras acciones fue crear una comisión para la defensa de los derechos humanos y se hace voz de quienes no la tienen. A su vez, llama a la reconciliación acompañada de la justicia, pero no justifica la violencia revolucionaria como respuesta a la institucional.
Mons. Romero se convirtió en el defensor de las madres de los desaparecidos, los campesinos y los expropiados, convirtiéndolos en su rebaño.
“Con este pueblo no cuesta ser un buen pastor”.
Los tres años de vida como arzobispo son su calvario y el culmen de su misión. Durante este tiempo se intensificaron los ataques y asesinatos a personas de la iglesia, incluyendo a sacerdotes y catequistas. Él mismo sufrió 10 atentados con bombas. Sin embargo, nunca cesó su lucha: comenzó a transmitir sus homilías por la radio para defender a los vulnerables, a pesar del poco o nulo apoyo de la jerarquía eclesiástica.
Reconocimiento internacional
A pesar de las dificultades, su labor comienza a reconocerse en el extranjero, tanto que en en 1979 se vuelve candidato al Premio Nobel de la Paz. Y en febrero de 1980 la Universidad Católica de Lovaina le otorgó el doctorado honoris causa por su defensa de los derechos humanos.
Fue en esta ocasión en que pronunció el discurso considerado su testamento:
“Entre nosotros -dice- siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país […] Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres”.
La homilía de fuego
El 23 de marzo de 1980, Domingo de Ramos, pronunció en la Catedral de San Salvador la homilía que pasó a la historia como “La homilía de fuego”: tras una terrible oleada de violencia que en una semana dejó 43 muertos, lanzó desde el altar una llamamiento a los hombres del ejército:
“Ante una orden de matar que dé un hombre -afirma- debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: No matar… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado….En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”
@desdelafe Quién fue… San Óscar Arnulfo Romero Te contamos su historia en un minuto San Óscar Arnulfo Romero fue uno de los personajes más comprometidos con los pobres y gran luchador de la paz de los últimos tiempos. Nació en agosto de 1917, en la localidad de San Miguel, en El Salvador. A los 13 años ya estaba seguro de ser sacerdote, y en 1962, a los 45 años, fue nombrado arzobispo de San Salvador. Un hombre de fe profunda, muy cercano a los pobres y que vivía de forma asutera. En 1977, cuando inició la guerrilla en El Salvador, se convirtió en una de las voces más fuertes a favor del cese de la violencia, y duro opositor de la explotación humana, algo que lo puso en la mira del gobierno. Fue asesinado por un francotirador el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la Misa, pero la tragedia no terminó ahí. Durante su funeral, que había reunido a más de 50 mil personas, detonaron una serie de bombas que dejaron 40 muertos y cientos de heridos. En 2015, San Óscar Romero fue reconocido como mártir y beatificado en El Salvador. El Papa Francisco lo proclamó santo tras haberse demostrado un milagro por su intercesión. El milagro: La curación inexplicable de una mujer embarazada cuya enfermedad la tenía al borde de la muerte. Es el santo patrono de Cáritas Internacional, la institución de ayuda humanitaria de la Iglesia católica y una de las más grandes del mundo. #1minute #san #salvador #sabiasquetiktok #curiosidades ♬ sonido original – Desde la Fe
El asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Su muerte ocurrió el 24 de marzo de 1980, en la Capilla del Hospital Divina Providencia en El Salvador, en plena misa. Él tenía 62 años de edad.
En el templo recién se había leído el evangelio según San Juan que incluía una cita disiente con lo que minutos luego le ocurrirá: “Si el grano de trigo no muere, queda solo. Pero si muere, puede dar fruto”.
Esta eucaristía fue breve, al igual que la reflexión del prelado que constituiría su última homilía. Aún la pronunciaba cuando un vehículo de marca Volkswagen Passat rojo de cuatro puertas pasó frente al templo religioso.
El auto dio la vuelta en el estacionamiento “y se quedó en posición de salida, justo frente a la puerta principal de la capilla”. Algo que únicamente él pudo haber notado, “porque los escasos asistentes a la misa estaban de espaldas a la puerta”, describe el periodista Carlos Dada, quien más tarde publicará un libro con detalles de lo ocurrido.
“Afuera, algunas personas vieron el carro. Parecía tener un desperfecto mecánico porque el conductor forcejeaba la palanca de velocidades. En el asiento de atrás otro hombre esperaba”, agrega el entonces director de El Faro (EL Salvador) en una publicación del Centro de Investigación CIPER. Aunque no fue el único vehículo, pues en un Lancer de color blanco, tres ocupantes esperaban en la entrada de la iglesia.
Menos de 50 metros de distancia separarían al francotirador de Romero. Publicaciones aportan una cifra precisa: “Lo separaban 31 metros y diez centímetros” del hombre que desde aquel automóvil sacó el rifle. ¡Le causó un disparo fulminante!
Entonces, una “diminuta bala calibre .22” silenció al obispo convirtiéndolo en mártir. El disparo ejecutado por un francotirador cuando el prelado oficiaba la misa le arrebató la vida.
Sobre las 6:25 de aquella tarde, una bala causaría estragos en el recinto sacro, mientras los asistentes intentaban auxiliar la humanidad golpeada de monseñor Óscar Arnulfo.
Un ataque directo al corazón
El ataque fue certero al corazón. Directo al tórax, “pero su percusión parece haber rebotado en todas las paredes de la capilla, amplificándose”. De hecho, “existe una grabación de la homilía en la que se escucha el disparo”, explica Dada.
Los testimonios que recoge el periodista reflejan lo ocurrido. “Monseñor se agarró del mantel y lo haló, y se dio vuelta el copón y se dispersaron las hostias sin consagrar. En ese momento cayó monseñor boca arriba, a los pies del Cristo”, dirá citando a una religiosa, la madre Luz, tras matizar que así los recuerdan los testigos tras un “estruendo apabullante”.
Los hombres detrás del magnicidio
De acuerdo con el testimonio de Amado Garay, quien manejaba el vehículo donde estaba el francotirador, y las declaraciones de Álvaro Saravia, quien coordinó y supervisó la operación criminal, se sabe que se trató de una conspiración. En ella intervino un escuadrón de la muerte que contó con la participación de civiles y militares.
Con base en las investigaciones derivadas de la Comisión de la Verdad, creada con auspicios de la ONU, se sabe quién fue el responsable de dar la orden de asesinar a Mons. Arnulfo Romero: un militar, el ex-mayor Roberto D’Aubuisson, fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), partido del que fue diputado y candidato presidencial.
Poco después de su asesinato, un misal que él usaba se incorporó a la colección de reliquias de los mártires del siglo XX que se encuentra en la Isla Tiberina, en Roma, cerca de la tumba de San Bartolomé, y que ha sido confiada a la Comunidad de San Egidio.
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La beatificación de San Oscar Arnulfo Romero
Como Postulador de la Causa de Mons. Oscar Romero fue designado Mons. Vincenzo Paglia y el proceso de beatificación inició el 24 de marzo de 1990; para 1994, recibió el título de Siervo de Dios, y el 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir de la Iglesia por odio a le fe.
Su proceso fue polémico por su ideario a favor de los desprotegidos, y es que tomó tintes políticos, pero, ante todo, Mons. Romero fue un sacerdote al frente de una comunidad por la cual dio la vida. Como Arzobispo se desempeñó entre 1977 hasta que fue abatido, por lo que le tocó vivir los primeros años de la guerra civil entre la guerrilla de izquierda (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN) y el ejército que defendía a un gobierno de extrema derecha, lucha que se prolongó hasta 1992, aun en tiempos del pontificado de Juan Pablo II.
Su beatificación tuvo lugar el 23 de mayo de 2015 por el cardenal Angelo Amato, en representación del Papa Francisco, y fue canonizado en Roma el 14 de octubre de 2018.
El milgaro de San Oscar Arnulfo Romero
El milagro para la canonización fue la curación inexplicable de una mujer salvadoreña que estaba embarazada, Cecilia Maribel Flores Rivas, de 34 años, con una enfermedad terminal, sin embargo, sanó y su bebé nació sin problemas.
Él es el primer arzobispo de América en ser canonizado y el primer santo de El Salvador.
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