¿Por qué alguien se consagra hoy?

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COLUMNA

La voz del Obispo

¿Por qué alguien se consagra hoy?

En un mundo que a menudo mide el valor de las personas por lo que producen o poseen, la Vida Consagrada proclama que la vida tiene sentido cuando se entrega

24 febrero, 2026
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Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 24 de agosto de 2021. Es el primer obispo mexicano emanado del Camino Neocatecumenal. 

Después de preguntarnos, “¿para quién eres?”, al celebrar la Jornada Mundial de la Vida Consagrada el pasado mes de febrero, surge de manera casi espontánea otra cuestión profundamente ligada a la identidad vocacional: ¿por qué alguien decide consagrarse hoy, en este mundo marcado por el cambio acelerado, la incertidumbre y tantas propuestas de realización personal? La pregunta no es nueva, pero adquiere un relieve particular en un tiempo que parece valorar más la autonomía individual que la entrega definitiva.

La Iglesia entiende la Vida Consagrada como un don que el Espíritu Santo suscita continuamente en su seno. (cf. LG 43-44). No se trata, en primer lugar, de una iniciativa humana ni de una elección meramente funcional, sino de una llamada que brota del amor de Dios y busca una respuesta libre y generosa.

Mediante la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, algunas personas son invitadas a seguir más de cerca a Cristo, haciendo visible en la Iglesia y en el mundo su forma de vivir, amar y entregarse al Padre.

La Vida Consagrada pertenece, por tanto, a la vida y a la santidad misma de la lglesia, y constituye un signo elocuente del Reino de Dios que ya actúa en la historia: ¿Por qué alguien se consagra hoy? Ante todo, como respuesta de amor. Quien ha sido alcanzado por el amor de Cristo descubre que no puede guardarlo solo para sí.

La consagración nace del encuentro personal con el Señor, de la experiencia de saberse amado gratuitamente y llamado a amar sin reservas. No es una respuesta movida por la eficacia, el reconocimiento o la seguridad, sino por el deseo profundo de entregar la vida entera a Aquel que la ha dado primero. En este sentido, la consagración es un acto de confianza radical, una forma concreta de decir con la propia vida: “Tú me bastas”.

Lejos de ser una huida del mundo o un rechazo de la realidad, la Vida Consagrada es una manera radical de amar al mundo. Quien se consagra no se aparta de los gozos y sufrimientos de la humanidad, sino que se sitúa en medio de ellos con un corazón indiviso. Desde la oración, la vida fraterna y la misión, los consagrados y consagradas comparten las esperanzas, las heridas y los anhelos de su tiempo, ofreciendo una presencia que recuerda que Dios no abandona a su pueblo. La renuncia que implica la consagración no empobrece el amor, sino que lo ensancha y lo hace disponible para todos.

En un mundo que a menudo mide el valor de las personas por lo que producen o poseen, la Vida Consagrada proclama que la vida tiene sentido cuando se entrega.

Por eso, hoy como ayer, siguen surgiendo hombres y mujeres que, escuchando la voz del Señor, se atreven a consagrarse. Su existencia se convierte así en una pregunta viva dirigida a todos: ¿dónde está puesto nuestro corazón?, ¿para quién vivimos? Porque, en definitiva, cada vocación en la Iglesia es una llamada a amar y a servir, y la Vida Consagrada nos recuerda que solo el amor entregado plenamente permanece.


Autor

Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 24 de agosto de 2021. Es el primer obispo mexicano emanado del Camino Neocatecumenal.