Crisis del encuentro y polarización social
Polarización, redes sociales y rechazo al diferente: el gran mal de nuestro tiempo. El llamado del Papa Francisco para volver al diálogo y al amor al prójimo.
Hoy pareciera que la mayoría de las personas nos movemos con un principio que dice más o menos así: “¡yo estoy de acuerdo con todo el que esté de acuerdo conmigo!”. Es decir, Si piensas como yo, sientes como yo, ves la vida como yo, te diviertes como yo, te vistes com oyo, crees como yo… entonces podemos dialogar, encontrarnos y construir juntos el bien común. Pero si eres diferente a mi, en tus ideas, sentimientos u opciones, entonces, te rechazo, te hago mi enemigo o en el mejor de los casos, te ignoro.
El Papa Francisco nos habló muchas veces de este mal de la sociedad: la crisis del encuentro. Cuando me sitúo al centro de mi vida, pierdo la capacidad de escucha, absolutizo mis propias posiciones y niego que mi prójimo pueda ser distinto.
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Esta crisis del encuentro es muy grave, pues ¡para vivir hay que encontrarnos! Solo Dios es y tiene la verdad absoluta; todos los demás, necesitamos de nuestro prójimo para entender quiénes somos, para complementar nuestras capacidades e ideas y así poder construir juntos la verdad de Dios en nuestra historia. Cuando mi prójimo me es indiferente, estoy renunciando a encontrarme con Dios, pues así lo dijo Jesús: “quien ama al más pequeño de estos, a mi me ama”.
Esta actitud de encerrarnos en nuestros círculos ideológicos o existenciales encuentra en el mundo de las redes sociales un gran promotor, pues sabemos que los algoritmos que deciden que aparece en nuestras pantallas nos muestran solo lo que nos agrada, lo que me mantendrá conectado ahí; esto significa que yo solo veré en mi pantalla lo que me atrae y parte de ello son los contenidos que desacreditan o se burlan a quienes piensan fuera de mi círculo.
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Si no somos conscientes de estos condicionamientos visuales, pronto terminaremos pensando que “todos piensan como yo” y quienes no lo hacen están mal y son mis enemigos. Me llama la atención como escucho frecuentemente frases como: “odio a esa persona” o al revés, “es tan buena esa persona”; esto significa que las redes sociales no solo nos desinforman, sino que además condicionan nuestra capacidad de encuentro, pues convierten a un sector de la sociedad en ¡“impresentables”!
¿Cómo superar esta crisis del encuentro? Aceptando que puedo dialogar con el diverso, que su punto de vista es digno de ser escuchado. El Papa Francisco nos decía: “Para dialogar es necesario tener la capacidad de reconocer al otro el derecho de ser él mismo y de ser diferente.”.
El diálogo no elimina el conflicto, pero nos ofrece un camino para encauzarlo. Cuando nos arriesgamos a dialogar nos disponemos a crecer desde la verdad de mi prójimo. Esto no significa que mi prójimo siempre esté en lo correcto, o que sus opciones tengan que ser las mías; pero sí significa que en este mundo podemos avanzar juntos si nos respetamos y nos damos nuestro espacio para existir desde la imperfección y la diversidad.
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¿Se imaginan cuántas excusas le damos a Dios para no dialogar con nosotros? Si Dios solo dirigiera su Palabra a quien fuera como Él, ¡jamás hablaría con nosotros! Pero Dios sabe que su Palabra nos enriquece, nos complementa, nos ilumina. El sin necesitar de nosotros nos ofrece el diálogo, el encuentro y el respeto, ¡con cuánta más razón lo hemos de hacer nosotros que sí necesitamos de nuestro prójimo para amar a Dios y encontrar nuestra plenitud!
El antídoto a la crisis del encuentro y la polarización que estamos viviendo es el amor; esa capacidad que Dios nos ha dado de mirarnos unos a los otros por lo que somos y no solo por lo que pensamos, sentimos o hacemos. Para vivirlo hemos de recordar que aún cuando no lo merecíamos, Dios nos amó y nos amó hasta dar la vida por nosotros. ¿Qué hemos hecho con este amor?
“El amor rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa. Es un amor que sabe de compasión y de dignidad”.
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