Pregúntale al padre
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¿Cuál debe ser la actitud de un católico ante la muerte?

La tristeza es serena si tenemos fe, y si confiamos en el amor paternal de Dios Todopoderoso.
La muerte de un ser querido deja un profundo vacío. ¿Es igual para el creyente?
La muerte de un ser querido deja un profundo vacío. ¿Es igual para el creyente?

Después de la muerte de un ser querido queda una gran tristeza difícil de consolar. Nos dicen que el tiempo todo lo cura, pero realmente aunque pasen los años sigue existiendo en nosotros el vacío que dejaron nuestros difuntos.

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Si tenemos fe, si creemos en la vida eterna y si confiamos en el amor paternal de Dios, la tristeza es serena, como que se consuela por la firme esperanza del cielo. Sabemos que nuestro ser amado ha llegado al fin del viaje y que goza ahora, que es feliz. Su felicidad nos llena de fortaleza ante el dolor de la ausencia.

Si no entendemos esto, si nuestra fe está desviada o no es convincente, entonces la ausencia se convierte en tragedia, sufrimos, nos revelamos contra Dios y morimos en vida con nuestro muerto. La tristeza de la partida se consuela con la esperanza de volvernos a ver.

Prepararnos para la muerte

La actitud ante la muerte en un católico debe estar iluminada por la esperanza y alimentada por la fe. Jamás perdamos de vista que vamos de paso por esta vida y que la vida verdadera comienza al pasar por esa puerta que nos atemoriza naturalmente porque, a final de cuentas, la muerte es algo malo que ni Dios quiere.

Prepararnos para la vida eterna es la finalidad de nuestra religión, y nos preparamos para el cielo, construyendo ya desde aquí nuestro cielo, sin perder de vista que el cielo es algo que nunca mereceremos, siempre será un amoroso regalo del Padre.

Sin duda moriremos, y la misma suerte correrán nuestros seres queridos. Esto nos invita a apreciar mas el cielo y a luchar por conseguirlo con la fe y las obras.

Carta a un ser querido:

Tu fe,
compañera inseparable de tu vida,
te ha dejado, ya no es necesaria:
hoy ves cara a cara a Aquel
en quien creíste.

Tu esperanza,
que te hizo fuerte en el dolor
y que en tu duda dio certeza
ya no está más, ya no es necesaria:
ya alcanzaste a Aquel al que esperabas.

Pasó la fe
y cristalizó la espera,
pero el amor, tu amor, subsiste;
ése no se acaba, dura por siempre.

Amor humano, hoy divinizado,
amor temporal, eternizado,
amor imperfecto, purificado,
pero tu mismo amor que no ha cambiado.

Sigues amando desde el azul del cielo,
y cuidas hoy lo que ayer cuidaste,
tu amor te hace presente,
hace que tu unión sea permanente.

Estás aquí junto a nosotros,
más que ayer, más que siempre.
Tan presente como nunca.

 

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