Pregúntale al padre

¿Cómo ayudar a alguien que está resentido con Dios? 

"Nada puede pasarme que Dios no quiera, y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor", Santo Tomás Moro.
Dios nunca nos abandona, somos nosotros los que nos sentimos abandonados por Él. Foto: Cathopic
Dios nunca nos abandona, somos nosotros los que nos sentimos abandonados por Él. Foto: Cathopic

Para apoyar a quien ha sufrido mucho y culpa a Dios por ello, podemos, en primer lugar, mostrarle su cariño a través de todos esos gestos que hablan más que mil palabras: su presencia solidaria, su escucha, su ayuda en labores cotidianas (por ejemplo llevarle algo de comer porque quizá no tenga ánimos de preparar nada, o prestarle algún servicio que necesite).

Leer: ‘¿Por qué Dios me abandona cuando más lo necesito?’

 En segundo lugar, pero no por ello menos importante, ayudándola a ir comprendiendo y aceptando algo fundamental: que Dios es amor y todo lo que permite, lo permite porque nos ama; que nosotros estamos limitados por el tiempo y el espacio y no podemos ver más allá de lo inmediato, pero Él sí, y si permite algo que por el momento nos parece inexplicablemente doloroso, no lo hace por maldad o por sadismo, sino porque desde su sabiduría y amor infinitos, considera que es lo conveniente; y no es indiferente o ajeno a nuestro dolor, todo lo contrario, le duele también y comparte nuestro sufrimiento, pero tiene claro que, por alguna razón que nosotros no alcanzamos a comprender, es lo mejor.

Te puede interesar: ¿Cómo mantener la fe en tiempos difíciles?

Un ejemplo aclara esto: un papá permite que a su niño enfermo le pongan una inyección; el niño llora y siente que su papá lo ha traicionado permitiendo que le claven la agujota; el papá sufre al ver sufrir a su niño, pero permite la inyección porque es necesaria.

Recuérdale que enfermedad y el sufrimiento nos ayudan a irnos desprendiendo de este mundo al que nos aferramos. Enfermarnos, que se enfermen y mueran nuestros seres queridos, nos ayuda a madurar, a crecer en compasión, en paciencia, a aprender a ver a los demás con un corazón capaz de conmoverse.

Leer: La muerte de su hermano la inspiró a cumplir su sueño

Jesús nos salvó a través de Su sufrimiento y muerte, si unimos nuestros sufrimientos al Suyo, adquieren sentido redentor, podemos aprovecharlos para ofrecérselos por Su amor, para bien de los demás y por nuestra propia santificación.