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COLUMNA

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El que pierde gana

Pienso que uno jamás es uno mismo más que cuando se anula, cuando se pierde por otro, por lo que ama

25 junio, 2024

Termino ya de leer Un paso hacia el mar, la novela del francés Max Gallo. La historia ha removido algo en mí. Esa idea vaga en la que tanto creía antes: la autorrealización. Ahora lo sé: se trata de un engaño distribuido por el mercado psicoterapéutico de hoy.

Un paso hacia el mar cuenta las vicisitudes de Claire, una inteligente mujer que un día se casa, tiene un hijo y descubre, al día siguiente del parto, que no era eso lo que quería. ¡No, ella no gastaría su vida entre manteles y biberones! Estaba hecha para cosas más grandes.

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Entonces levantó el vuelo. No abandonaba totalmente el nido, pero cada día se ausentaba más. Se matriculó en la Universidad, se hizo comunista, daba conferencias y gradualmente se desentendía más de su hijo, Julien.

Se enamoró de un joven, por el que abandonó a su esposo y a Julien. Sus camaradas la justificaban. ¡Había hecho bien! ¿Acaso no estaba ella en contra de la propiedad privada? El amor, puesto que tendía a la posesión, era un sentimiento burgués. ¿Dónde estaba escrito que uno tuviera que sacrificarse por los demás?

Julien crecía, su pecho se hacía ancho, lo mismo que sus tobillos; sus brazos se estiraban. Ya no era aquel niño que una vez, al ver a sus padres discutiendo, suplicó: “No me dejarás nunca, ¿verdad? ¿Me lo juras, mamá?”.

Julien aprendido a vivir si ella. Con un resultado trágico: cada vez fue retrayéndose más hasta que un día se suicidó. En el diario que dejó, Claire leyó estas líneas: “Jamás sentiré tu mano sobre mi hombro. Jamás dirás: ‘Está bien, hijo, sigue, yo voy contigo’. Jamás”.



Al final, Claire, monologa así: “Quise ser yo. ¡Qué orgullo, qué desmesura, qué ceguera! Quise ser yo. Gané. Perdí. Julien paga por mí. Tendría que haberme anulado, dedicado a él; que yo fuera nadie para ser todo por él”.

Cierro el libro, suspiro hondo y pienso que uno jamás es uno mismo más que cuando se anula, cuando se pierde por otro, por lo que ama. Como hizo Cristo, quien dijo siempre que, cuando se trata del amor, el que pierde gana.

Más artículos del autor: Razones para la esperanza

El autor es: Sacerdote, periodista, escritor y Rector del Colegio Mexicano de Roma.




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