Resiliencia en tiempos de crisis económica
En México, ante pronósticos de bajo crecimiento y un 2025 de expansión limitada, el camino adelante depende de un compromiso inquebrantable con trabajo en equipo
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En un mundo cada vez más interconectado y volátil, la resiliencia ante crisis económicas se ha convertido en un pilar fundamental para el progreso de las naciones. Hoy, ante desafíos globales como conflictos geopolíticos, disrupciones en las cadenas de suministro, presiones inflacionarias, la inestabilidad por aranceles y crisis energética; esta capacidad de adaptación se convierte en una necesidad imperiosa, es por ello que la resiliencia económica implica no solo resistir embates externos, sino también transformar las emergencias en oportunidades de crecimiento sostenible.
Tensiones entre potencias como Estados Unidos, China, Rusia e Irán junto con revisiones de acuerdos comerciales como el T-MEC, generan incertidumbre que impacta directamente en economías emergentes. México, enfrenta riesgos ampliados por tarifas arancelarias y restricciones comerciales. En este contexto, el trabajo colaborativo trasciende las fronteras nacionales, no se trata solo de alianzas internas entre gobierno, sector privado y sociedad civil, sino de coaliciones regionales e internacionales.
El trabajo mancomunado es especialmente vital en la geopolítica actual, donde los desafíos no respetan fronteras. Pensemos en la transición energética: la lucha contra el cambio climático requiere colaboración multilateral para acceder a tecnologías verdes y financiamiento.
La realidad económica de México subraya la necesidad inmediata de esta resiliencia. De acuerdo con datos del Banco Mundial, la economía mexicana creció apenas un 1.5% en 2024, este crecimiento, inferior al promedio regional de América Latina y el Caribe (2.3% en el mismo año), se vio afectado por una demanda interna debilitada y un sector exportador bajo presión.
Desafortunadamente, los pronósticos son aún más sombríos: el Banco Mundial estima un crecimiento de 1.1% en 2026; esto debido a la incertidumbre comercial y la desaceleración global, pintan un escenario que podría exacerbar desigualdades y desempleo.
Estos datos representan desafíos reales para millones de mexicanos. El bajo crecimiento de 2025, impulsado en parte por un consumo interno estancado y poca inversión privada, nos recuerda que la falta de resiliencia puede perpetuar ciclos de vulnerabilidad. Para contrarrestar esto, el enfoque debe estar en el trabajo en equipo.
La resiliencia económica también se debe traducir en empoderar a las comunidades locales. En tiempos de crisis geopolítica, como las actuales tensiones en el comercio global, las redes locales actúan como amortiguadores, permitiendo una rápida adaptación a nuevos escenarios. Además, invertir en capital humano, mediante educación y capacitación conjunta, asegura que la fuerza laboral mexicana sea competitiva, atrayendo inversión extranjera directa.
La resiliencia económica no debe ser un concepto abstracto; es una estrategia que requiere visión colectiva. En México, ante pronósticos de bajo crecimiento y un 2025 de expansión limitada, el camino adelante depende de un compromiso inquebrantable con trabajo en equipo. Solo así podremos transformar las crisis geopolíticas en catalizadores de un futuro próspero y equitativo. Al final, la verdadera fuerza radica en la unidad, confianza y verdad: gobiernos, empresas y ciudadanos trabajando conjuntamente para construir una economía sana y eficiente desarrollada en un esquema de seguridad integral.

