¿Cuánto vale una vida?

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COLUMNA

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¿Cuánto vale una vida?

Hoy, pareciera que la vida ha perdido su importancia sagrada, diluida en la normalización de secuestros y extorsiones.

10 febrero, 2026
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Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación. 

Hoy preservar la vida no es solo un imperativo ético o religioso, sino una obligación social que nos define como humanidad; desafortunadamente el mundo, pero nuestro país en particular atraviesa la violencia que nos hace enfrentarnos a una realidad brutal.

De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en 2025 se registraron 23,374 víctimas de homicidio doloso, no son solo cifras son hijos, madres, padres y sueños truncados que nos recuerdan lo poco que estamos haciendo para proteger lo más sagrado.

El crimen organizado, el narcoterrorismo y la violencia misma han convertido la vida de innumerables en una simple moneda de cambio y el aumento en el número de personas desaparecidas es un testimonio desgarrador de esta realidad; tan sólo, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas en 2025, se reportaron 14,079 casos de desapariciones, un incremento del 7.8% respecto al año anterior; por supuesto que estas cifras no capturan el abismo de dolor que dejan atrás, familias destrozadas, comunidades fracturadas y una sociedad que vive en el dolor permanente.

Conmovedor es el sufrimiento de las madres buscadoras, su dolor es inenarrable, la ausencia de un hijo o hija que salió de casa y nunca regresó transforma sus vidas en un limbo eterno. La incertidumbre se apodera de ellas como un veneno lento; cada día sin noticias es una tortura que erosiona el alma, que obliga a cuestionar la fe en las instituciones y en la humanidad misma.

Pero la pérdida de vidas en México no se limita al crimen violento, también hay una violencia silenciosa e institucional, que cobra vidas por omisión. La falta de medicamentos, vacunas y tratamientos especializados. Miles de pacientes, incluyendo niños, han visto interrumpidos sus ciclos de quimioterapia, lo que eleva el riesgo de recaídas y muertes prematuras. Esta negligencia no es un accidente: es el resultado de políticas fallidas en la distribución de insumos médicos, que dejan a familias en la desesperación de buscar alternativas privadas inalcanzables.

Vacunas contra enfermedades prevenibles también escasean en regiones marginadas, perpetuando ciclos de pobreza y muerte evitable. ¿Cómo podemos hablar de progreso cuando la vida se pierde no por balas, sino por indiferencia, irresponsabilidad y hasta por simple burocracia?

¿Cuánto vale una vida? Hoy, pareciera que la vida ha perdido su importancia sagrada, diluida en la normalización de secuestros y extorsiones. En 2025, se reportaron 550 casos de secuestro extorsivo, una ligera disminución, pero las extorsiones alcanzaron un récord con 11,081 víctimas, la cifra anual más alta en la última década. Estos delitos no solo roban dinero; roban paz mental, libertad y, en muchos casos, la vida misma cuando las víctimas no pueden pagar.

Preservar la vida exige un cambio radical, no basta con discursos; se necesitan acciones concretas para que México deje de ser un cementerio de sueños destrozados. Como reflexionó el Papa Francisco: “El grado de progreso de una civilización se mide precisamente por su capacidad de preservar la vida,
especialmente en sus fases más frágiles, más que por la difusión de instrumentos tecnológicos.”


Autor

Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.