¿Qué tipo de persona queremos ser?

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¿Qué tipo de persona queremos ser?

Rechacemos la tiranía de lo menor, aspiremos, con humildad y decisión, a lo que realmente somos capaces de lograr.

21 julio, 2026
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Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación. 

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¿Vivimos en una sociedad cada vez más mediocre? ¿Nos hemos comenzado a conformar mucho más a menudo? La mediocridad ha dejado de ser un defecto ocasional del carácter humano para ser también un tema cultural que permea nuestras decisiones cotidianas. Nos hemos acostumbrado a celebrar lo “mínimo” en lugar de aspirar a lo excelente, y en esa renuncia reside uno de los males más
profundos de nuestro tiempo.

La mediocridad no es mera ausencia de talento; tristemente se ha convertido en una elección, como advertía Aristóteles en su Ética a Nicómaco, la virtud reside en el justo medio, pero no en la medianía del esfuerzo o la ambición. Hoy, sin embargo, el justo medio se ha transformado en un tema donde la excelencia se percibe como un riesgo innecesario y la gente prefiere conformarse con cosas
menores pero seguras.

En el ámbito laboral, optamos por empleos estables, aunque rutinarios, que ahogan la creatividad a cambio de un salario predecible y hasta sin prestaciones, en las relaciones humanas, nos contentamos con conexiones superficiales en redes sociales en lugar de cultivar amistades profundas y exigentes, y en los estudios, el fenómeno es particularmente alarmante: jóvenes que eligen carreras “prácticas” y
de bajo riesgo, no por vocación genuina, sino por la promesa de un título rápido y un empleo mediocre
que garantice subsistencia sin grandes desafíos.

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¿Cuántos talentos se han sepultado bajo el peso de la “seguridad”? Universidades llenas de estudiantes que memorizan para aprobar, no para trascender; egresados que ven el conocimiento como mercancía transaccional y no como un camino de realización humana. San Agustín, en sus reflexiones sobre el libre albedrío, nos recuerda que la libertad verdadera no es la ausencia de obstáculos, sino la capacidad de orientar la voluntad hacia el bien superior, incluso cuando este exige sacrificio; la mediocridad, en cambio, es una forma de esclavitud voluntaria, elegimos la cadena cómoda de lo conocido antes que el riesgo de transitar aún con dificultad a la grandeza.

En el contexto mexicano, esta tendencia adquiere puntos significativos, una sociedad marcada por la violencia, la corrupción, la desigualdad y la deficiencia en políticas y servicios públicos, debería clamar por excelencia moral e intelectual; sin embargo, observamos lo contrario.

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Recordemos aquella frase del filósofo Erasmo de Rotterdam: “Cuanto menos talento tienen, más orgullo, vanidad y arrogancia exhiben. Pero la necedad nunca camina sola: siempre encuentra a otros necios dispuestos a aplaudirle. Porque en este mundo, muchos prefieren el ruido del halago vacío al peso incómodo de la verdad.”

Rechacemos la tiranía de lo menor, aspiremos, con humildad y decisión, a lo que realmente somos capaces de lograr. Solo así, lo que somos y lo que podemos llegar a ser, se unirán para poder ser mejores seres humanos.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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