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Frente a las crisis: Fe y unidad

Frente a este panorama, la Iglesia no ofrece discursos vacíos, sino un llamado urgente: vivir la fe con acción y construir unidad para transformar la realidad y devolver la esperanza.

24 marzo, 2026
Frente a las crisis: Fe y unidad
La imagen de una vela encendida representa la fe que permanece viva incluso en tiempos de dificultad, evocando esperanza, unidad.
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Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación. 

En México y en muchas partes del mundo, las crisis se acumulan; el colapso económico complica la vida de innumerables familias, el desempleo, la inflación y la precariedad laboral dejan a miles sin poder cubrir lo básico. La crisis social profundiza brechas que parecían cerradas, desigualdad, exclusión y un tejido comunitario que se rompe constantemente. La violencia y el crimen siembran hasta terror y el miedo se ha vuelto compañero cotidiano de muchos. No menos grave es la crisis de falta de atención médica, hospitales saturados, medicinas escasas y un sistema de salud que deja sin respuesta oportuna y suficiente a enfermos. Y, para agravar el panorama, crisis ambientales como el derrame de petróleo que mancha costas, destruye ecosistemas y arruina la vida de pescadores y comunidades enteras. Ante este panorama, ¿qué respuesta podemos dar? La iglesia nos lo recuerda: frente a la crisis debe haber fe y unidad.

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No se trata de un eslogan, es una convicción profunda, la fe no es resignación; es confianza en que Dios no abandona, hoy debemos recordar que ante la violencia y el crimen que nos roban la paz, la fe nos sostiene con la certeza de que “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron” (En México y en muchas partes del mundo, las crisis se acumulan; el colapso económico complica la vida de innumerables familias, el desempleo, la inflación y la precariedad laboral dejan a miles sin poder cubrir lo básico. La crisis social profundiza brechas que parecían cerradas, desigualdad, exclusión y un tejido comunitario que se rompe constantemente. La violencia y el crimen siembran hasta terror y el miedo se ha vuelto compañero cotidiano de muchos. No menos grave es la crisis de falta de atención médica, hospitales saturados, medicinas escasas y un sistema de salud que deja sin respuesta oportuna y suficiente a enfermos. Y, para agravar el panorama, crisis ambientales como el derrame de petróleo que mancha costas, destruye ecosistemas y arruina la vida de pescadores y comunidades enteras. Ante este panorama, ¿qué respuesta podemos dar? La iglesia nos lo recuerda: frente a la crisis debe haber fe y unidad.

No se trata de un eslogan, es una convicción profunda, la fe no es resignación; es confianza en que Dios no abandona, hoy debemos recordar que ante la violencia y el crimen que nos roban la paz, la fe nos sostiene con la certeza de que “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron” (Jn 1,5). 

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Pero la fe sola, si se queda en lo individual no basta, la Iglesia nos enseña que la fe madura en la unidad, no podemos enfrentar estas crisis cada uno por su lado. La unidad es comunión en la diversidad; nos obliga a salir de la indiferencia y a construir puentes donde hay muros. Ante la violencia y el crimen, la unidad se hace oración común, trabajo por la reconciliación y denuncia en acompañamiento.

¿Qué nos enseña exactamente la Iglesia en estos momentos? Nos enseña que toda crisis es también oportunidad de conversión, nos recuerda que Dios se hace presente en medio del dolor, nos dice que la caridad no es opcional, sino el rostro visible de la fe. Desde las primeras comunidades cristianas hasta hoy, la Iglesia ha sido refente de solidaridad. 

Por eso es necesario ayudarnos mutuamente ante las diversas crisis que vivimos; basta de divisiones y de indiferencia. La unidad no es un lujo; es supervivencia. Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿cómo vamos a ser signo de esperanza para la sociedad?

Es hora de pasar de la queja a la acción, de que nos preguntemos: ¿qué estoy haciendo con mi fe y por mi comunidad para aliviar estas crisis? La Iglesia no promete soluciones mágicas ni utopías terrenales; promete que, si caminamos unidos en la fe, Dios multiplicará nuestros esfuerzos como multiplicó los panes y los peces y que también sabe dar batallas como la de Jericó.

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No olvidemos las palabras del Papa León XIV: “En estos difíciles tiempos que vivimos, en medio de tantas preocupaciones y temores, amenazas de guerra y violencia, desastres naturales, graves injusticias y desequilibrios, y el hambre y la miseria que sufren millones de nuestros hermanos y hermanas, este Credo nos da esperanza”. 

Que estas palabras del papa León XIV resuenen en nuestro corazón para que la fe y la unidad no sean solo palabras bonitas, sino estilo de vida. Que en medio de las crisis económicas, sociales, de violencia, de salud y ambientales, la Iglesia en México se levante como signo vivo de esperanza. Porque solo unidos en la fe y con participación activa, venceremos.). 

Pero la fe sola, si se queda en lo individual no basta, la Iglesia nos enseña que la fe madura en la unidad, no podemos enfrentar estas crisis cada uno por su lado. La unidad es comunión en la diversidad; nos obliga a salir de la indiferencia y a construir puentes donde hay muros. Ante la violencia y el crimen, la unidad se hace oración común, trabajo por la reconciliación y denuncia en acompañamiento.

¿Qué nos enseña exactamente la Iglesia en estos momentos? Nos enseña que toda crisis es también oportunidad de conversión, nos recuerda que Dios se hace presente en medio del dolor, nos dice que la caridad no es opcional, sino el rostro visible de la fe. Desde las primeras comunidades cristianas hasta hoy, la Iglesia ha sido refente de solidaridad. 

Por eso es necesario ayudarnos mutuamente ante las diversas crisis que vivimos; basta de divisiones y de indiferencia. La unidad no es un lujo; es supervivencia. Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿cómo vamos a ser signo de esperanza para la sociedad?

Es hora de pasar de la queja a la acción, de que nos preguntemos: ¿qué estoy haciendo con mi fe y por mi comunidad para aliviar estas crisis? La Iglesia no promete soluciones mágicas ni utopías terrenales; promete que, si caminamos unidos en la fe, Dios multiplicará nuestros esfuerzos como multiplicó los panes y los peces y que también sabe dar batallas como la de Jericó.

No olvidemos las palabras del Papa León XIV: “En estos difíciles tiempos que vivimos, en medio de tantas preocupaciones y temores, amenazas de guerra y violencia, desastres naturales, graves injusticias y desequilibrios, y el hambre y la miseria que sufren millones de nuestros hermanos y hermanas, este Credo nos da esperanza”. 

Que estas palabras del papa León XIV resuenen en nuestro corazón para que la fe y la unidad no sean solo palabras bonitas, sino estilo de vida. Que en medio de las crisis económicas, sociales, de violencia, de salud y ambientales, la Iglesia en México se levante como signo vivo de esperanza. Porque solo unidos en la fe y con participación activa, venceremos.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


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Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.