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Frente a la violencia, segundo diálogo de la CEM

Más de 1,200 líderes, entre ellos obispos, sacerdotes, académicos y víctimas de la violencia, incluidas madres buscadoras se reunieron para pasar de la escucha al compromiso concreto por construir paz

3 febrero, 2026
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Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación. 

Del 30 de enero al 1 de febrero de 2026, las instalaciones del ITESO, la Universidad Jesuita de Guadalajara, fueron sede del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, un encuentro organizado conjuntamente por la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Compañía de Jesús en México, con amplia participación de la sociedad civil. Más de 1,200 líderes, entre ellos obispos, sacerdotes, académicos y víctimas de la violencia, incluidas madres buscadoras se reunieron para pasar de la escucha al compromiso concreto por construir paz.

Este Diálogo nació de la profunda y continua herida que la violencia ha estado infligiendo a México durante años: cientos de miles de asesinatos y desapariciones, extorsiones cotidianas que asfixian comunidades enteras, territorios donde el Estado ha perdido el control frente a grupos criminales, y una normalización social del miedo y la impunidad que fractura crecientemente el tejido social.

El padre Jorge Atilano González Candia, SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, ha sido entre otros, una figura clave en la organización y en la articulación de la agenda. En diferentes intervenciones, ha enfatizado la necesidad urgente de dejar atrás la mera contemplación y “administración de la violencia” para exigir corresponsabilidad entre sociedad y Estado, promoviendo metodologías concretas de construcción de paz en familias, víctimas, principalmente jóvenes, servidores públicos y sociedad.

Pero quien fue más crítico fue Monseñor Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y Presidente de la CEM. En su conferencia magistral del tercer día y en el mensaje de clausura, no escatimó en señalar las fallas profundas de las acciones en cuanto a inseguridad. Denunció la tendencia a negar la realidad de la violencia o a reducirla a medidas técnicas superficiales, sin enfrentar sus raíces; e insistió que “La paz no se construye ignorando el sufrimiento, maquillando las cifras o acelerando procesos sin sanar heridas”.

Se debe reconocer que no hay paz verdadera si se ignora el dolor de miles de familias que buscan a sus desaparecidos, si se minimizan estadísticas o se simulan avances sin justicia restaurativa, verdad y reparación integral.

Estas palabras son una denuncia valiente en un país donde la inseguridad ha modificado incluso las celebraciones religiosas, donde las extorsiones y desapariciones afectan la vida diaria de millones, y donde persiste la impunidad y la ausencia de Estado de derecho en amplias regiones. La construcción de paz exige participación de todos los sectores.

El diálogo culminó con la lectura de un manifiesto dedicado a las víctimas, que propone estrategias concretas como acompañamiento psicosocial, educación para la convivencia, justicia restaurativa, recuperación de espacios públicos, prevención de adicciones y fortalecimiento de policías comunitarias.

Se entregaron metodologías prácticas a autoridades y participantes para replicar en sus territorios.

Este foro es un llamado urgente a entender que sin verdad sobre lo ocurrido, sin justicia para las víctimas y sin procesos reales de reconciliación, la paz seguirá siendo una utopía lejana; pero sobre todo a recordar que la paz es don y tarea, vocación compartida que “nos necesita a todos”.


Autor

Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.