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COLUMNA

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Mente sana en cuerpo sano

Cultivar una mente sana implica ayudar a los demás y por supuesto reconstruir el tejido social; porque en un mundo interconectado, cada individuo contribuye a un cambio colectivo

6 enero, 2026
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Autor

Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación. 

La célebre frase “mens sana in corpore sano” se le atribuye al poeta satírico romano Juvenal, quien la incluyó en su obra Sátiras (Sátira X), escrita alrededor del siglo II d.C. Juvenal la usaba para expresar un deseo ideal, en lugar de ambicionar riquezas o poder, uno debería aspirar a una mente saludable en un
cuerpo saludable.

Esta máxima no era solo un consejo poético; reflejaba la filosofía estoica y epicúrea de la Antigua Roma, donde el equilibrio entre el intelecto y el físico se veía como clave para la virtud y la felicidad. A lo largo de la historia, esta idea ha sido referenciada y aplicada en diversos contextos.

En la era contemporánea, se aplica en psicología positiva, educación y bienestar holístico como programas de salud mental, porque reconoce una conexión profunda: las ideas positivas y los propósitos nobles florecen en un cuerpo sano.

No es un capricho sino un patrón de vida que fomenta la resiliencia, la creatividad y el bienestar colectivo.

Esta conexión es fundamental porque un cuerpo sano actúa como base para nutrir pensamientos constructivos, cuando mantenemos una rutina de cuidado físico, alimentación equilibrada, descanso y actividad, generamos endorfinas que impulsan ideas positivas. Propósitos como el altruismo o la innovación surgen naturalmente en este equilibrio.

Ante un mundo cada vez más violento, hoy es crucial enfatizar la importancia de no guardar resentimientos. El odio es como un veneno que corroe la mente sana: estudios de psicología, como los de la Universidad de Harvard sobre longevidad, muestran que el rencor crónico eleva el riesgo de enfermedades cardíacas y depresión. En su lugar, debemos trabajar en el amor al prójimo, la empatía, el entendimiento y el respeto.

Entender al prójimo implica escuchar activamente, reconociendo que todos cargamos batallas invisibles. El respeto surge de esta comprensión, creando comunidades inclusivas, porque el amor no violento transforma sociedades.

Tristemente, habrá que reconocer que en las últimas décadas, hemos visto una promoción y desarrollo alarmantes de contenidos que socavan este equilibrio.

Películas, música y actitudes culturales han glorificado la violencia y las actividades ilícitas e inadecuadas, e incluso series de narcos “romantizan” el crimen, influyendo en generaciones jóvenes. Esto ha escalado a extremos donde el narcotráfico se ha asociado al terrorismo generando narcoterrorismo sobre todo en regiones de Latinoamérica, donde los carteles usan la violencia y algunas actividades políticas para controlar territorios, afectando el tejido social.

Según informes de la ONU, esta exposición mediática normaliza comportamientos destructivos, aumentando tasas de adicción y conductas delictivas. Es un círculo vicioso: una mente expuesta
a negatividad genera cuerpos debilitados por vicios, perpetuando el caos.

Cultivar una mente sana implica ayudar a los demás y por supuesto reconstruir el tejido social; porque en un mundo interconectado, cada individuo con “mens sana in corpore sano” contribuye a un cambio colectivo; menos odio, más empatía; menos toxinas, más positividad.

¡Les deseo paz y armonía en este año nuevo!


Autor

Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.