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COLUMNA

Historias ciudadanas

San Antón en el siglo XXI

La costumbre, introducida por los frailes franciscanos durante la colonia, propone un paréntesis para la reflexión en medio de la prisa moderna, un momento para reconocer que el bienestar no se restringe a la especie humana

16 enero, 2026
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Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX). 

Pequeños gestos reflejo de empatía con los seres sintientes: una mano inclinada hacia un animal herido, un cuenco con agua o comida en la banqueta, la puerta abierta para resguardar del frío.

Esos actos discretos revelan una forma de civilidad más profunda que la ley escrita, la del respeto hacia toda vida capaz de sentir. Cada 17 de enero, el Día Mundial de Bendecir a los Animales, introduce una pausa significativa en la vida cotidiana. Miles de personas acuden a templos con perros, gatos, aves o animales de granja para solicitar protección y buena salud.

La costumbre, introducida por los frailes franciscanos durante la colonia, propone un paréntesis para la reflexión en medio de la prisa moderna, un momento para reconocer que el bienestar no se restringe a la especie humana.

San Antonio Abad —también conocido como San Antón—, sostiene el sentido profundo de esta celebración. Vivió apartado del mundo sin renunciar a la naturaleza que lo rodeaba; tenía por costumbre bendecir a los animales y a las plantas. Los relatos cuentan que sanó a una jabalina y le devolvió la vista; en agradecimiento, el animal junto con sus crías permaneció junto a San Antón. Más allá de la anécdota, hay una enseñanza persistente: la compasión no establece jerarquías arbitrarias. Por ese vínculo fue reconocido, tras su muerte, como patrono y protector de los animales.

En el siglo XXI, esa ética antigua encuentra un eco contemporáneo. La Constitución de la CDMX reconoce a los animales como seres sintientes y establece el mandato de un trato digno. La norma no opera solo en el plano jurídico; propone una responsabilidad colectiva.

La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, en menos de un año ha impulsado acciones que traducen ese principio en políticas públicas: la prohibición de espectáculos con violencia animal, la eliminación de la venta de animales en mercados públicos, jornadas masivas de esterilización y atención veterinaria, así como la construcción de una Utopía Canina.

En esa lógica está el rescate 858 perros del Refugio Franciscano, por mandato judicial, ante condiciones de maltrato en las cuales vivían. La tutela de un animal de compañía trasciende el afecto para instalarse en el terreno de la ética ciudadana. Ser responsable implica comprender que su bienestar depende de la capacidad comunitaria e institucional para proveerles una vida digna y un entorno seguro.

Cuidar a los seres sintientes no constituye un acto de indulgencia. Una comunidad que protege a todos sin distinción afina su sensibilidad frente a cualquier forma de vulnerabilidad. En ese aprendizaje compartido se cultiva la idea del respeto a la coexistencia y la justa convivencia.


Autor

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).