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COLUMNA

Granito de mostaza

Humanismo, transhumanismo y posthumanismo

La visión cristiana recuerda que la verdadera plenitud humana se encuentra en Cristo. Ante una cultura que redefine constantemente lo humano, el desafío es redescubrir nuestra identidad más profunda.

11 marzo, 2026
Humanismo, transhumanismo y posthumanismo
Imagen conceptual de un ser humano fusionado con elementos tecnológicos que sostiene un holograma de una figura humana. La escena simboliza las discusiones contemporáneas sobre el transhumanismo, el intento de superar los límites biológicos mediante la tecnología y el debate filosófico y teológico sobre el futuro de la humanidad.

HECHOS
¿Qué significa ser persona humana? ¿Qué es humano y qué es antihumano? ¿Qué es lo que nos hace ser humanos? Pudieran parecer preguntas sin sentido, pero son muy actuales y de todos los tiempos. Por ejemplo, alguien que nació varón, quiere ser mujer, y le parece que eso es lo humano; y una mujer quiere ser, aparecer y actuar como varón, y se lucha por que esto sea lo “normal”. Se insiste en que abortar es un derecho humano, como si los concebidos no fueran humanos. Se intenta legislar la eutanasia como un
derecho humano, como una acción de humanidad para que un enfermo no sufra más. Hay quienes prefieren tener animales, en vez de hijos o amigos. Se considera muy humano excederse en bebidas alcohólicas o en experiencias sexuales, como si eso nos hiciera más humanos. Nuestro actual gobierno presume de un “nuevo humanismo”, que se refleja en los contenidos de los libros de texto escolares, elaborados por un marxista declarado y cuyo contenido dice la Presidenta que no va a cambiar. Por ello la pregunta: ¿qué es lo humano?

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En los últimos años, se habla de transhumanismo y posthumanismo. ¿Qué es eso? La Comisión Teológica Internacional, que colabora con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, acaba de publicar un interesante documento, no fácil de leer, con un título muy sugestivo en latín: Quo vadis, humanitas? Significa: ¿Hacia dónde vas, humanidad? Tiene un subtítulo: “Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad”. Este documento reflexiona hacia dónde va la humanidad: ¿hacia su plenitud o hacia su destrucción? Describe así estas dos tendencias actuales:

“El transhumanismo y el posthumanismo, aunque están correlacionados y a veces se consideran idénticos (debido a que sus respectivas definiciones son todavía fluidas), representan perspectivas diferentes en la comprensión de la naturaleza humana y del futuro de la humanidad.

El transhumanismo es un movimiento filosófico que actúa a partir de la convicción de que el ser humano puede y debe emplear los recursos de la ciencia y la tecnología para superar los límites físicos y biológicos de la condición humana, en particular el envejecimiento e incluso la muerte. De este modo configura su propia evolución y busca maximizar su potencial, hasta llegar a rediseñar al ser humano y hacerlo apto para ir más allá. Con su énfasis programático en el incremento de las capacidades humanas individuales, desarrolla una perspectiva netamente antropocéntrica, a partir de una visión ideológica e ingenuamente acrítica del progreso científico-tecnológico.

El transhumanismo imagina un futuro en el que los seres humanos perfeccionarán la forma biológica que caracteriza actualmente la naturaleza humana, para alcanzar el objetivo de una inmortalidad individual sustentada por la tecnología. La dimensión utópica de búsqueda de una inmortalidad inmanente permite interpretar el transhumanismo como expresión existencial de una presunción a la vez ingenua y prepotente” (14).

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“El posthumanismo en sentido estricto critica el humanismo tradicional, cuestionando las características específicas de los seres humanos, así como la existencia de una «forma humana» que merezca ser custodiada como tal por ser portadora de un significado universalmente válido. Enfatiza lo «híbrido» (cyborg) hasta deconstruir al sujeto humano y vuelve totalmente fluida la frontera entre lo humano y la máquina, rechazando el antropocentrismo característico del transhumanismo. En última instancia, el posthumanismo en sentido estricto se puede comprender como una expresión existencial de fuga de la realidad, a partir de una radical devaluación de lo humano” (15).

ILUMINACION
El documento ofrece una visión cristiana de lo que es humano: “Para nosotros los cristianos, entre los muchos elementos que constituyen la identidad humana, hay uno que destaca como un verdadero principio formal, capaz de ordenar los demás aspectos. Se trata del don de ser no solo criaturas o siervos de Dios, sino llamados a ser hijos e hijas del Padre, para alabanza de su gloria y beneficio de toda la creación. Lo atestigua el Espíritu de Dios que clama en nosotros «¡Abbá, Padre!» y nos conforma con
Cristo, de modo que somos hechos partícipes de su identidad divina como Hijo del Padre. La identidad filial es la determinación última y radical de nuestra identidad, y quien está sellado en su corazón por el Espíritu Santo encuentra en esta identidad filial el punto de referencia para integrar cualquier otro aspecto de su identidad” (115). 

“La revelación plena de quiénes somos y de quiénes estamos llamados a ser se nos otorga por la encarnación de Aquel que es la Imagen del Padre, a cuya imagen y semejanza hemos sido creados y divinizados y que nos ha redimido del pecado” (143). “El encuentro con lo humano de Jesucristo ilumina nuestra humanidad y nos revela a nosotros mismos” (146).

“Lo que todos los hombres, al menos de modo implícito, buscan, desean y esperan, es tan transcendente e infinito que sólo puede encontrarse en Dios. La verdadera humanización del hombre, por ello, alcanza su culmen en su gratuita divinización o sea en su amistad y comunión con Dios. La gracia de Jesucristo colma copiosamente los íntimos deseos del hombre que tienden más allá de los límites de las fuerzas humanas. El cumplimiento de lo humano en Dios no absorbe ni disminuye lo humano, así como no empobrece lo divino que se comunica. Se trata, de hecho, de un encuentro de libertad, donde Dios diviniza al mismo tiempo que el ser humano se humaniza” (147).

“La antropología cristiana se ilumina plenamente cuando se reconoce que hemos sido queridos y creados por el Padre para convertirnos en «hijos e hijas en el Hijo» y participar, por el don del Espíritu, en la comunión del amor intradivino” (148). “Cristo es el modelo insuperable, porque a través de la conformación de la historia personal de cada ser humano con su historia singular, por el don del Espíritu, se llega a ser hijos e hijas del Padre” (149).

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ACCIONES
El mismo documento propone: “La vida cristiana como vocación se traduce en la implicación de la existencia personal en la existencia de Cristo hasta que Cristo se forme en nosotros. Se trata de una asimilación progresiva a Cristo, hasta tener sus mismos sentimientos y su mismo pensamiento” (151). En resumen: para ser más humanos, hemos de esforzarnos por parecernos más y más a Cristo, como lo hizo la Virgen María.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.