¿En qué hemos fallado?

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COLUMNA

Granito de mostaza

¿En qué hemos fallado?

¿Puede alguien llamarse católico y vivir del crimen? La Iglesia se pregunta en qué ha fallado en la formación de la fe ante la violencia y el narcotráfico

4 marzo, 2026
¿En qué hemos fallado?
Tenía altar, rezaba salmos… pero era criminal. ¿En qué falló su formación católica? Una reflexión urgente para esta Cuaresma.

HECHOS
En la casa que ocupaba Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, máximo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, cuando fue capturado y abatido por el gobierno federal, se encontró que tenía un altar con unas imágenes de la Virgen de Guadalupe, de San Judas Tadeo y de otros santos, con sus veladoras, y un salmo escrito a mano. En julio de 2022, publicó un video en el que exhortaba a los cárteles a respetar a sacerdotes, pastores evangélicos, médicos y maestros. Se consideraba muy católico y devoto, pero era un asesino, narcotraficante y extorsionador, que no se tocaba la conciencia cuando se trataba de proteger su negocio y los intereses de su organización. ¿En qué falló su educación católica?

Un sacerdote de esa región escribió una carta sobre Rubén Oseguera González, hijo de “El Mecho”, de quien afirma que “proviene de una familia católica muy practicante”. ¿Esa familia es en verdad católica y muy practicante? Quizá algunos de esa familia lo sean, pero afirmarlo de toda la familia es una afirmación contradictoria con sus hechos. Ser católico practicante es amar a Dios y al prójimo, no es sólo rezar y tener algunas devociones religiosas. ¿En qué hemos fallado en la instrucción religiosa, en las catequesis y homilías, en nuestros grupos parroquiales, para que algunos consideren compatible su fe católica con unas prácticas totalmente contrarias a esta fe?

La mayoría de los miembros de estos grupos, tanto de la delincuencia común como de la organizada, se consideran católicos porque fueron bautizados, quizá hicieron la Primera Comunión y recibieron la Confirmación; probablemente tienen sus devociones, llevan al cuello un escapulario, un crucifijo o una imagen de la Virgen; sin embargo, su vida contradice por completo lo que proclama nuestra fe. Es muy probable que no participen en la Misa dominical; pero son hijos de la Iglesia. ¿En qué hemos fallado nosotros? Es la misma pregunta que se hacen algunos papás cuando los hijos se portan mal.

En este tiempo de Cuaresma, es oportuno examinar nuestra conciencia y nuestra práctica pastoral para analizar nuestras deficiencias. El gobierno desde hace tiempo debería haber hecho mucho más para impedir que esos grupos criminales crecieran y se afianzaran; pero no todo es culpa del gobierno; también nosotros debemos reconocer nuestras fallas.

ILUMINACION
Los obispos mexicanos, en un documento del año 2009, titulado “Que en Cristo, nuestra Paz, México tenga vida digna”, decimos:

“Hoy percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones, un énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario formativo; movimientos y grupos religiosos que se olvidan de la dimensión social de la fe, una espiritualidad individualista; una mentalidad relativista en lo ético; en la pastoral persisten lenguajes poco significativos para la cultura actual. Y con relación a la inseguridad y violencia, reconocemos con tristeza que entre los involucrados en el crimen organizado hay mujeres y hombres bautizados, que con sus acciones se alejan de Dios y de la Iglesia. También se han descuidado espacios relacionados con estas situaciones como son la pastoral penitenciaria, la pastoral a menores infractores y en situaciones de riesgo y el acompañamiento a víctimas inocentes” (95).

“La evangelización tiene que transformar desde la raíz a las personas para que sean fermento de la paz en el mundo. Tenemos que reconocer con humildad que muchas de las personas involucradas en la delincuencia organizada, están bautizadas en la Iglesia, pero carecen de una formación viva en la fe. Debemos asumir esa responsabilidad” (252).

“Queremos hacer un llamamiento a quienes practican la violencia. Les pedimos que abandonen los medios violentos para lograr sus metas. Nunca será justificable la muerte, ni los ataques a inocentes. Los caminos de la violencia no pueden conducir a la verdadera justicia ni para ustedes ni para los demás. Todavía pueden cambiar si quieren. Pueden profesar sus sentimientos de humanidad y reconocer la solidaridad humana” (254).

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“Nos dirigimos a quienes, por cualquier razón, se han involucrado en las diversas formas de crimen organizado. Dios los llama a la conversión y su perdón está siempre dispuesto, pero deben arrepentirse. Piensen en el mal que están provocándoles a una multitud de jóvenes y de adultos de todos los segmentos de la sociedad. La dignidad humana no puede ser pisoteada de esta manera. El mal provocado recibe la misma reprobación hecha por Jesús a los que escandalizaban a los ‘pequeñitos’, los preferidos de Dios” (255).

Hacemos un llamado vehemente a quienes producen la droga y la transportan, a los que se prestan al comercio del narcomenudeo, a los que la consumen, a los sicarios y a todos los implicados en este nefasto negocio: ¡arrepiéntanse y cambien de vida!. Busquen la vida y no la muerte. Dios está siempre dispuesto a perdonarles; sólo les pide que reconozcan sus errores; que suee arrepientan de ellos y no lo ofendan más agraviando a sus hijos; que reparen los daños y se retiren de esta actividad de muerte” (256).

ACCIONES
Los agentes de pastoral reconozcamos nuestras deficiencias en la práctica parroquial y atendamos más no sólo las celebraciones, sino también a los padres de familia, a los niños y a los jóvenes. Que los papás eduquen mejor a sus hijos en la fe; que no se contenten con mandarlos a la catequesis y a la Misa; la educación es en todo tiempo y en toda circunstancia.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.