El Papa, Estado Unidos y Venezuela
Además de orar por Venezuela, por el respeto a su autonomía, por la conversión de los gobernantes a la justicia y la paz, reeduquémonos para vivir en respeto y armonía
HECHOS
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, creyéndose rey del mundo, sin más control que su propia moral (que es inmoral), decidió invadir Venezuela y secuestrar a Nicolás Maduro, que se ostentaba como Presidente de ese país, aunque las elecciones del 28 de julio de 2024 no le habían favorecido mayoritariamente. Con el poder de una fuerza militar invasora, sin control de los organismos internacionales y violando las leyes que rigen los derechos de los países, Trump se autoproclamó como amo y señor del universo, con facultad para intervenir en la vida de un pueblo, motivado no tanto por el
deseo de democracia, sino por su ambición para controlar el petróleo venezolano y obtener ganancias para las empresas de su propio país. El dinero es su patrón, que le mueve prioritariamente en todo lo que hace, sin importarle matar tantas vidas humanas.
Si Trump quiere evitar el ingreso de drogas, que controle las mafias internas de su país, que son las que lo comercian. Que encuentre la forma de evitar tanto consumo en sus conciudadanos, y no culpe a los demás de sus propios males.
Lo anterior no significa una defensa de Maduro y de su equipo de gobierno. Todo lo contrario; éste cometió abusos y violó muchos derechos de su pueblo. Hay quienes lo siguen y defienden, sobre todo por las ayudas que su gobierno proporciona a la gente pobre, algo parecido a lo que pasa en México con los programas sociales de nuestro gobierno, pero, escuchando a muchos venezolanos, en particular a los millones que han huido al extranjero, comprendemos que Maduro alentó graves violaciones a la libertad
personal y social, manipuló elecciones para proclamarse triunfador, sin demostrarlo con las actas de las votaciones, y hundió más la economía nacional. Hace pocos años, tuve que ir a Venezuela por encomiendas que la Santa Sede nos hizo a tres obispos mexicanos, y comprobé el enorme e inexplicable deterioro económico de la mayoría, a pesar de tanta riqueza que puede lograr con una adecuada explotación petrolera. Pero las graves violaciones de Maduro no justifican que un poder extranjero invada su país para capturarlo.
Los obispos venezolanos han optado por esperar para ver la situación presente y futura con más claridad, pero algunos ya han emitido su postura, pidiendo cordura y respeto entre unos y otros. Como pide el Papa, lo que más les interesa es procurar el bien del pueblo y evitar mayor polarización, para encontrar caminos de reconciliación, de justicia y de paz.
ILUMINACION
El Papa León XIV, al día siguiente de la invasión norteamericana, durante su alocución dominical después del Angelus, manifestó: “Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando juntos para construir un futuro sereno de colaboración, estabilidad y
concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica” (4-I-2026).
En su discurso anual al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, inspirándose en
la obra De Civitate Dei de San Agustín dijo: “La ciudad terrenal se centra en el orgullo y el amor propio, en la sed de poder y gloria mundanos que conduce a la destrucción… Agustín también advierte de los graves peligros para la vida política que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político…
Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas. Se busca mediante las armas afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica. Es necesario garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar.
El orgullo oscurece tanto la realidad misma como nuestra empatía hacia los demás. No es casualidad que el orgullo esté siempre en la raíz de todos los conflictos.
El aumento de las tensiones en el mar Caribe y a lo largo de la costa pacífica americana también es motivo de profunda preocupación. Deseo renovar mi vehemente llamamiento para que se busquen soluciones políticas pacíficas a la situación actual, teniendo presente el bien común de los pueblos y no la defensa de intereses partidistas.
Esto es especialmente válido para Venezuela, tras los recientes acontecimientos. Renuevo mi llamamiento para que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia. De este modo, se podrá construir una sociedad fundada en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad, y así salir de la grave crisis que aflige al país desde hace muchos años.
Entre las causas de esta crisis se encuentra, sin duda, el tráfico de drogas, que es una lacra para la humanidad y requiere el compromiso conjunto de todos los países para erradicarlo y evitar que millones de jóvenes de todo el mundo se conviertan en víctimas del consumo de drogas. Junto a estos esfuerzos, debe haber una mayor inversión en desarrollo humano, educación y creación de oportunidades de empleo para personas que, en muchos casos, se ven envueltas en el mundo de las drogas sin saberlo” (9 de enero de 2026).
ACCIONES
Además de orar por Venezuela, por el respeto a su autonomía, por la conversión de los gobernantes a la justicia y la paz, reeduquémonos para vivir en respeto y armonía en la familia, con los vecinos, con los compañeros de trabajo y con los demás.

