Desde la familia

La lección de una murmuración

Al pueblo de mis abuelos, que era tan pequeño que todas las familias se conocían, llegó a vivir una mujer solitaria que solo era visitada por un hombre un día de la semana. Las habladurías no se hicieron esperar y a extenderse por todo el pueblo; la curiosidad se convirtió en murmuraciones y luego en un rechazo generalizado a “esa mujer que recibía hombres en su casa sin ningún recato” Después de unos meses ella falleció y la verdad fue del dominio público: ella, muy enferma, huyó para esconderse de un marido agresivo y peligroso y era su hermano quien con gran cariño la visitaba con discreción cada semana, hasta el día que la encontró muerta.

Esta historia que es cierta, fue una gran lección para quienes la vivieron y también para quienes la escuchamos de ellos. Juzgar por las apariencias es muy peligroso por la grave injusticia que cometemos con el otro, pero también por el daño que le hacemos a nuestro corazón, que alimentado por los rumores y la imaginación, se envenena albergando sentimientos negativos y mordaces que terminan deteriorando el espíritu.

Hoy la murmuración es incluso una actividad reconocida y muy bien remunerada. Basta ver algunos programas televisivos o de las redes sociales en que la nota es la vida personal de otros; no importa si es verdad o no, pues “averiguarlo” es material para nuevas emisiones y para mantener vivo el interés de los televidentes y seguidores.

Pero mucho más preocupante es la actitud de muchos católicos que sin argumentos ni conocimiento directo, hemos decidido opinar, aprobar o condenar la conducta de algunas personas, considerando además que poseemos la verdad.

Es doloroso ver en las redes sociales la cantidad de opiniones de católicos que se creen “autorizados” para opinar, calificar, avalar o desacreditar el pensamiento y la conducta de otras personas, no importa si es un activista contrario, o el mismo Papa, sin saber sus razones ni reparar en el daño que hacemos al prójimo, a la Iglesia y a nosotros mismos, endureciendo nuestro corazón con el veneno de la murmuración.

Nos hemos preguntado ¿quiénes serían hoy en día los fariseos y los publicanos para Jesús? ¿de qué amigos se rodearía? Más allá de los de “Derecha” o los de “Izquierda”… quizá buscaría con toda su ternura a aquellos que tienen el corazón herido y maltrecho; a los leprosos de hoy, a los marginados y a los pecadores por los que murió en la Cruz. Y seguramente estaba con aquella mujer a la que todo el pueblo rechazaba, pero murió en olor a santidad. La lección es la misma entonces y hoy.

 

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*Los artículos de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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