Cultura Bíblica

Tres preguntas que responde la religión

Para hablar de este tema leamos primero este pasaje del Evangelio:

No te sientes en el lugar principal (Lc 14, 1. 7-14)

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Tres preguntas que responde la religión

Es importante recordar que toda religión debe responder a tres preguntas ¿Qué creo? ¿Cómo vivo? ¿Qué signos uso para expresarme? Aquello en que se cree puede formar un conjunto de verdades, esto se llama técnicamente credo o “dogma”.

El conjunto de costumbres que expresan mis creencias se llama “moral”. Y el conjunto de signos o ritos se llama culto o “liturgia”. Si dejáramos alguno de estos tres aspectos de lado o lo negáramos cometeríamos un error y dejaríamos la expériencia religiosa trunca o incompleta. Las enseñanzas que escuchamos hoy en labios de nuestro Señor forman parte de los comportamientos propios de la vida cristiana. El principio o fundamento que enseñó Jesús es: “todo el que se exalta a sí mismo será humillado, todo el que se humilla será enaltecido”.

El modo de relación sigue una lógica que el Señor expresó otras ocasiones: “de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo…” (Lc 9,25), “todo el que pretenda salvar su propia vida la perderá, pero aquel que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará” (Lc 9,24). Hay una relación entre darle el primer sitio al “ego” y la pérdida de sí mismo, por una parte; y  el darle la primacía al Reino de Dios o a la Providencia para recibir la vida y por tanto la afirmación de uno mismo.

El trasfondo de fe que está en estas enseñanzas radica en la presencia Providencial de Dios entre nosotros. Jesús lo enseñó con toda claridad, “no se preocupen por lo que han de comer o de vestir, pues Dios sabe que ustedes tienen necesidad de todo ello. Eso lo hacen los paganos…” (Lc 12,29-30). Por lo tanto podemos concluir que las enseñanzas que Jesús da hoy a los discípulos son una aplicación práctica de la doctrina sobre la confianza en la Divina Providencia, el cristiano no tiene por qué afanarse buscando los primeros puestos, si escoje abajarse a sí mismo, la Providencia hará que sea exaltado en su nivel adecuado.

 

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Mons. Salvador Martínez es rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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