¿Qué significa la frase ‘hijos de la resurrección’?

Una de las afirmaciones del cristianismo es la vida después de morir a este mundo. El modo de afirmarla depende totalmente de nuestra fe.
Los católicos creemos en la Resurrección de las almas a la vida eterna. Foto: Freepik
Los católicos creemos en la Resurrección de las almas a la vida eterna. Foto: Freepik

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: ‘Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer’. Jesús les dijo: “En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”.

Ser hijos de la resurrección

Existe un texto en el libro del Génesis (Gn 6,2) que dice: “Los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres les venían bien y tomaron por mujer de entre ellas”.

La comprensión de esta afirmación ha tenido las más variadas interpretaciones. Una de ellas es que esta expresión proviene de tradiciones extrañas o anteriores a la religión judía, donde los dioses y los hombres pueden engendrar.

Otra forma de comprenderla, dentro de la tradición de fe judía es que aquellos que reconocen al único Dios se hicieron sus hijos, en cambio las hijas de los hombres representan a las mujeres paganas.

Particularmente en la época del regreso de la deportación en Babilonia (Esd 9,1ss) este tema fue muy importante, al grado que Esdras y Nehemías llegaron a exigir que aquellos judíos casados con mujeres paganas debían despedirlas y casarse con mujeres judías.

Una tercera posibilidad proviene del modo de expresarse en hebreo, pues muchos adjetivos se construyen usanto la expresión “hijo de…”, por ejemplo “ser humano” se dice “hijo de hombre”.

Si miramos el contexto del discurso de Jesús, el Señor está hablando de la condición de aquellos que ya murieron y sin embargo están viviendo en una condición divina, a esto correspondería la expresión “hijos de Dios”. ¿Por qué están viviendo en esta condición divina? Porque han sido dignos de la resurrección para la vida eterna, esto significaría “son hijos de la resurrección”.

Una de las afirmaciones más categóricas del cristianismo es la vida después de morir a este mundo. El modo de afirmarla depende totalmente de nuestra fe en la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y a partir de este artículo de fe también afirmamos nuestra propia resurrección.

San Pablo en su carta a los corintios (1Co 15) dedica todo un capítulo a hablar sobre la resurrección de Cristo y a partir de ella de la nuestra. También afirma que la condición de los resucitados rebasa cualquier representación mundana de la vida eterna.

 

 

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