Opinión

Según el Evangelio, ¿quién cuida a las ovejas, Jesús o el Padre?

Del santo Evangelio según san Juan: 10, 27-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

¿En manos de quién están las ovejas?

En el discurso del Buen Pastor que escuchamos hoy, Jesús habla de que el Padre le ha dado unas ovejas y nadie las arrebatará de su propia mano, pero más adelante dice Jesús, refiriéndose a los mismos, que nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. ¿En manos de quién están las ovejas?

Este cuarto domingo de Pascua está dedicado cada año a considerar a Jesús Buen Pastor. El discurso del Buen Pastor abarca buena parte del capítulo diez del evangelio de San Juan. Cada año leemos una parte distinta de este. Nuestro Señor propone la relación de sus discípulos con Él en clave de pertenencia. Nosotros no somos cosas ni animales, pero usa la comparación de pertenencia que existe entre el pastor y su rebaño. La única posibilidad de pertenecer al rebaño de Jesús es creer en Él. Se llega a la fe por medio de la aceptación de las obras que realiza en nombre del Padre.




Quien ha creído en Jesús, sigue la voz (enseñanza) de Jesús. A partir de aquí profundiza mucho más, la pertenencia entre la oveja y el pastor no es coyuntural, momentánea o superficial. Se trata de una pertenencia de personas que también están en relación de pertenencia con el Padre. Por eso, Jesús habla de que Él mismo les da vida eterna a sus ovejas y nadie se las puede quitar. Pero podrían surgir inquietudes si hacemos una lectura muy superficial de este pasaje.

En el discurso meramente humano, el padre y su hijo son dos personas necesariamente distintas e irreductibles. Jesús en su discurso solamente recurre a la relación padre – hijo para introducirnos en el misterio multipersonal de Dios. Que no es una multiplicación de divinidades. Por ello, el lenguaje que se usa propone que las ovejas pertenecen, o están en las manos tanto del Padre como de su Hijo Jesucristo, el buen pastor. La clave de interpretación la encontramos en la última frase: “el Padre y yo somos uno”.

La forma de interpretar esta afirmación es lo que le reclamaban los judíos a Jesús, pues Él les preguntaba que por cuál de las obras que había hecho lo querían apedrear, y ellos le respondieron: “por ninguna de tus obras, sino por una blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios”(Jn 10,31-33). Como podemos apreciar, la predicación del Señor había sido clara y es comprensible que al hablar de las ovejas en manos suyas y en manos del Padre  está hablando de la comunión de la persona humana con Dios, indistintamente podemos decir que estamos en manos del Padre y en manos del Hijo.

El autor es rector de la Basílica de Guadalupe.