Cargar la cruz de cada día no significa aguantar todo

Jesucristo dijo a sus discípulos que seguirlo implica cargar la cruz de cada día.
La cuarta zona pastoral brinda cursos gratuitos en línea para terminar con la violencia. Foto: eleconomista.com
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Del Evangelio según san Lucas: 9, 18-24

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó:

“¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

Él les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Él les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.




Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”. Palabra del Señor.

Cultura Bíblica

¿Por qué Nuestro Señor Jesucristo relacionó tan fuertemente el conocimiento de su verdadera identidad con el modo de seguirlo cargando la cruz de cada día?

Dentro del desarrollo del tiempo ordinario, casi todos los años coincide esta época la lectura del relato de la pregunta de Jesús a sus discípulos a propósito de quién pensaban ellos que era el Hijo del Hombre. Esta pregunta marca el término de una primera etapa y el inicio de una segunda, precisamente a sabiendas de que el circulo de amigos más cercano a Jesús ya sabía que él era el mesías de Dios.

Acto seguido a esta confesión de parte de Pedro, sobre la identidad del maestro viene la prohibición de divulgarlo y el primer anuncio de su Pasión.

La identidad de Jesús tiene que ver con su misión. Ya desde el Antiguo Testamento se esperaba la llegada del Mesías como una promesa de Dios. ¿En qué consistiría dicho Mesías? eran abundantes las teorías. Por ejemplo en el profeta Zacarías (Za 4,12-14) se hablaba de un mesías de David y un mesías de Aarón. Al parecer el mesías de David sería un mesías político y guerrero que prepararía las cosas para el advenimiento del mesías sacerdotal procedente de la estirpe de Aarón. Pues bien, Jesús vinculó completamente su misión mesiánica con su Pasión, muerte en cruz y Resurrección.

Resulta casi una consecuencia lógica que indicara de inmediato a sus discípulos que el criterio de seguimiento de este Mesías sería precisamente una vida apegada a la cruz. El sentido de la cruz en el primer anuncio es un poco diverso porque Jesús habla de su propia muerte en sentido estricto en cambio habla de que el discípulo debe tomar la cruz de cada día… por tanto la designación de la palabra no es literal o material, sino simbólico.

Si miramos el contexto podríamos pensar en la cotidiana disposición al sacrificio, a la negación de sí mismo. Estaríamos hablando de la oblación de sí mismo antes que la imposición violenta de sí mismo, a los otros, con el pretexto de salvarlos. Y ello como algo que acompaña la vida día con día.

Pero la afirmación más contundente la dice el mismo Señor “quien pierda su vida por mí, la salvará”.

 

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Mons. Salvador Martínez es el rector de la Basílica de Guadalupe