Opinión

¿Qué importancia tiene la comunidad para nuestra vida cristiana?

Evangelio (Mt 18, 15-20)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.


Yo les aseguro también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy Yo en medio de ellos’’.

Comentario

Jesús había iniciado su camino de subida hacia Jerusalén. Sus más allegados, los doce apóstoles, sabían que era el Mesías, pero el Señor les había prohibido que lo divulgaran. Aprovechaba este tiempo para instruir a los suyos sobre los criterios del Reino de los Cielos teniendo como punto de referencia su Pasión, Muerte y Resurrección.

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Hoy encontramos tres instrucciones precisas: sobre la corrección fraterna, sobre la trascendencia de las decisiones y sobre el valor de la oración comunitaria. Los tres temas tienen como fondo común la importancia que tiene para los discípulos de Jesús la vida comunitaria.

La instrucción sobre la corrección fraterna está en consonancia con el Antiguo Testamento, el deber de corregir al hermano que comete maldades. Probablemente la persona no se dé cuenta de su mala actuación. Dios pedía en particular a los profetas, a los maestros de la Ley y a los gobernantes, -empezando por los padres y madres de familia-, que corrigieran.  Introduce un procedimiento que va más allá de la corrección individual. Después de haber llamado la atención al infractor, se debe recurrir a dos o tres personas que acompañen a quien hace la corrección y al final se debe confrontar con toda la comunidad. Tanto el segundo como el tercer paso nos demuestran que la vida cristiana no es una búsqueda individual nada más, sino algo que atañe a todo el grupo de personas que rodean tanto al que comete infracciones como al que lo corrige.

La segunda instrucción sobre la trascendencia de las decisiones supone que hay un vínculo entre lo terreno y lo celestial. Las decisiones no se reducen al campo de lo disciplinar, como lo vemos en el momento en que Jesús dio autoridad a Pedro (cfr. Mt 16,19). Toda buena acción aquí en la tierra tiene valor en el Cielo, así como toda ruptura de una relación con otro, también tiene repercusión allá. Por tanto, el individuo terrenal está vinculado al Cielo.

La tercera instrucción es más explícita pues Jesús recomienda que al orar se asocien dos o más personas, porque esto garantiza que Él mismo está en medio de ellos. Por este motivo es importante recalcar que nuestra vida cristiana es fundamentalmente comunitaria. Esto no quiere decir que quede anulada la libre decisión de salvarse, o se anule la autodeterminación. Dios a nadie salva a fuerza, pero, si aceptamos la propuesta de Jesús, Él nos llama a asociarnos con otros aquí en la tierra y en el Cielo.

 

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