Opinión

Las señales de Jesús

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Hagan lo que él diga”.

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: “Llenen las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sáquenlas ahora, y llévenselas al mayordomo”.  Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora”.

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días (Jn. 2, 1-12).

Las señales de Jesús

La estructura del texto que leemos hoy es la siguiente. La introducción nos indica que Jesús, su madre y sus discípulos fueron a una boda en la población de Caná de Galilea. Esta introducción pone un marco geográfico para el primer ciclo de señales de Nuestro Señor. Inicia con estas bodas en Caná y terminará con la curación del hijo de un funcionario (Jn 4,46).

También nos indica al núcleo más íntimo de personas en torno a Jesús, que son su madre (símbolo del pueblo fiel del Antiguo Testamento) y sus discípulos (signo del nuevo pueblo convocado a partir del Señor Jesús). La segunda parte del texto (vv. 3-4) plantea el problema, el cual tiene dos vertientes: la primera vertiente es que la boda se quedó sin vino y la segunda es que Jesús parece resistirse a intervenir.

El asunto de la “hora de Jesús”, significa que Dios tiene su tiempo para intervenir en la historia, pero la oración ferviente del pueblo fiel puede abreviar esta “hora” de la intervención de Dios. La tercera parte (vv. 5-8), la parte central del pasaje contiene las acciones decisivas que resuelven ambas vertientes problemáticas.

Pero aquí resulta muy interesante ver que es María quien marca contundentemente, por medio de una orden, la acción de Jesús. “Hagan lo que él les diga”, es decir, cumplir con la voluntad de Jesús provoca la primera señal. La acción que pide Jesús no se parece a la orden que dio a los discípulos antes de la multiplicación de los panes: “denles ustedes de comer” (cfr. Mt 14,16). Tal vez implicara un esfuerzo grande el hecho de llenar las tinajas pues requería seiscientos litros, pero nada milagroso.

La cuarta parte del pasaje (vv. 9-10) nos da la constatación del milagro, Jesús había convertido el agua en un vino mejor que el inicial. Esto provoca una reacción de reclamo del mayordomo contra el novio. Aquí vale la pena comentar que el simbolismo del vino puede ser doble: el vino como fuente de alegría y el vino como manifestación de la inspiración de Dios por el don de su Espíritu. Ambas significaciones son posibles, Jesús trajo una alegría mayor y una inspiración del Espíritu mayor que la del Antiguo Testamento.

Por eso las autoridades de la Antigua Alianza reclamaron a Dios: ¿Cómo Dios no había dado esto desde el principio? La última parte del pasaje (vv. 11-12) nos da el desenlace que pone el acento en lo que provocó este primer singo. El resultado del primer signo no recae en los invitados a la boda sino en el círculo de personas más cercanas al Señor, a saber, sus discípulos.