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Evangelio del 4 de febrero del 2024: La cura de enfermos y expulsión de demonios

1 febrero, 2024

Evangelio del 4 de febrero 2024, según san Marcos (Mc 1, 29-39)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

“El recorrido itinerante de Jesús”

¿Por qué Jesús no quiso regresar a Cafarnaum a curar a los enfermos allí? ¿No era más fácil que la gente lo buscara en un solo sitio que andar peregrinando por todas las sinagogas de Galilea?

En el Evangelio del 4 de febrero 2024 continuamos en los primeros pasos del ministerio público de Nuestro Señor Jesucristo. Después de llamar a los discípulos y hacer las primeras muestras de predicación y acciones poderosas, ahora vemos una nueva característica del ministerio del Señor, a saber, la itinerancia.

El andar predicando de pueblo en pueblo, era una característica de algunos profetas del Antiguo Testamento, el más famoso fue Elías. Él estuvo viviendo un tiempo en el torrente Querit, otro tiempo en Sarepta, después vivió cerca de la capital del reino del norte, Samaría, en el entorno del monte Carmelo y hasta peregrinó al monte Horeb, donde Dios había hecho la alianza con su pueblo. Otros profetas itinerantes son Amós, Miqueas, Ezequiel.



El Señor Jesús escogió este tipo de ministerio con tal de dar a conocer a la mayor cantidad de gente posible, la cercanía del Reino de Dios. Después de un tiempo de hacer las cosas así, se hizo muy famoso y ya no podía entrar de incógnito a las ciudades de Galilea, sino que tenía que andar por lugares solitarios y la gente le salía al encuentro.

En la misma ciudad de Cafarnaum tuvo que subir a una barca para evitar que la multitud lo aplastara y, al estar predicando en una casa, era tanta la gente que para acercarle a un paralítico tuvieron que quitar parte del techo (cfr. Mc 2,1-11). Como podemos apreciar, por todos estos datos, Jesús cumplió con su cometido y el permanecer en un solo sitio no implicó ninguna limitación nociva para su ministerio.

Mons. Salvador Martínez Ávila es biblista y exrector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe





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