Cultura Bíblica

¿Es lo mismo Paraíso que Reino de Dios?

Llegamos a la solemnidad que cierra el ciclo litúrgico, Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo. Las lecturas que acompañan esta festividad remarcan que el reinado de Dios no es comparable con los reinos de este mundo. Por este motivo leemos un pasaje de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo.

Lo primero que debemos reportar es que Nuestro Señor, a lo largo de su camino ministerial en Galilea y posteriormente en su subida a Jerusalén, expresó con toda claridad (Lc 9,22) que habría de ser traicionado, entregado a los paganos y morir crucificado, pero al tercer día habría de resucitar.

Entonces el acontecimiento de la crucifixión y muerte no era una casualidad, no era algo que se había salido de control. Jesús por medio de su crucifixión y muerte en la cruz pagó el precio de la remisión de nuestros pecados (Hch 2,37-38), creer en este hombre crucificado y resucitado es la clave del reino de los cielos.

El escarnio que hicieron de Él las autoridades es comprensible desde una óptica de poder mundano, porque todo hombre poderoso usa el poder en su propio beneficio. Cuando Jesús dio testimonio ante Poncio Pilato se lo explicó de esta forma: “Mi reino no es de este mundo, si fuera así mis partidarios habrían luchado en mi favor…” (Jn 18,36).

Es muy difícil entender cómo el poder de Dios se afirma en la debilidad de un hombre en el patíbulo. Por este motivo, dentro de la misma narración de hoy se nos ofrece una clave de este poder divino que trasciende la muerte. Uno de los ladrones ajusticiados con Jesús pide al Señor que lo tenga en cuenta en la “venida de su Reino”, esta es una confesión de fe en Jesús y la respuesta es: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Dentro del contexto, el Reino de Jesús y el Paraíso se identifican.

Sin embargo, fuera de este momento refieren dos cosas que no se oponen pero sí son diversas. El Paraíso es el lugar primordial de la creación, la circunstancia de perfección donde el hombre no moría. El Reino de Dios es una expresión mucho más compleja que implica no solamente la situación primordial del ser humano sino el punto final donde Dios es todo en todas las cosas.

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Mons. Salvador Martínez Ávila es rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

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