El llamado de Jesús a las buenas acciones
Ya desde el tiempo de los profetas, era claro que el ser humano en su proceso de maduración debía aprender a distinguir el bien del mal y, más aún a elegir el bien sobre el mal
¿Podría interpretarse el llamado a ser luz y sal de este mundo como una forma de promover el
protagonismo, es decir, a pretender siempre llamar la atención de los demás?
Después de haber iniciado el sermón de la montaña con las bienaventuranzas. En este domingo leemos
el primer llamado de Jesús a una vida llena de buenas acciones. Así como la vista tiene por objeto la
captación de la luz en un cierto rango. Así el libre albedrío del ser humano tiene como objeto elegir la
verdad.
Ya desde el tiempo de los profetas, era claro que el ser humano en su proceso de maduración
debía aprender a distinguir el bien del mal y, más aún a elegir el bien sobre el mal. Isaías lo propone de
esta manera a propósito del Emmanuel: “comerá cuajada y miel hasta que aprenda a rehusar el mal y a
elegir el bien” (Is 7,15).
Este oráculo se refiere a que un niño llegará a la edad de saber obrar el bien, actualmente en la comunidad Católica, se fija a los siete años. Cuando Jesús llama a las personas a ser luz y sal de este mundo no pretende un grupo de personas narcisistas o protagónicas que ponen su felicidad y afirmación en llamar la atención de los demás. Jesús hace el llamado básico a obrar bien, hacer el bien no debería ser algo que llame la atención, pero en una sociedad decadente o pervertida en los valores morales, por causa del pecado, el testimonio de obrar el bien es como luz y sal, para el bien de la misma humanidad.

