Opinión

Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en este mundo?

El juez inicuo y la viuda importuna (Lc 18, 1-8)

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’. Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres; sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’.

 “Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a él día y noche, y que los hará esperar?

Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?”

Cultura Bíblica 

El estilo de pensamiento judío, desarrollado a lo largo del Antiguo Testamento nos refleja un modo de pensar muy ligado a lo concreto.

En efecto, no hay en la literatura judía más antigua tratados sobre algún tema sino más bien, dichos o proverbios, himnos y enseñanzas parabólicas que por medio de relatos desarrollan lo que los judíos pensaban sobre distintos temas.

Jesús, en este sentido fue todo un maestro judío pues ocupó muchas parábolas para desarrollar su doctrina. Este domingo podemos ver una enseñanza bastante compleja donde se entrelazan tres temas importantes: el tema de la relación entre Dios y el hombre por medio de la oración. El segundo tema es el de la actitud amorosa permanente de Dios hacia la humanidad y el tercer tema es el de la necesidad de la fe para que opere todo esto.

Iniciamos por el tema de la fe. Este tema ha sido ya abordado por el Señor en textos anteriores al que leemos hoy y, en resumen, Jesús propone que la fe es una virtud que se hace concreta en acontecimientos, el ejemplo es “dirían a este árbol arráncate de aquí y plántate en el mar y éste les obedecería” (Lc 17,6), de acuerdo con esta afirmación la fe es el motor del señorío del hombre sobre las creaturas.

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Y el día de hoy resulta que la fe es el elemento esencial que lleva al hombre a invocar a Dios y mantener con Él una relación constante y profunda. ¿Qué creemos de Dios? o ¿en qué sentido le creemos a Dios? En esta misma enseñanza el Señor Jesús nos da la clave: el contenido más importante de la fe en Dios radica en creer en la relación que Él quiere establecer con nosotros, esta relación es de amor.

Dios nos ama como un Padre, para el Señor esta realidad fue tan clara que la oración que enseñó a los discípulos es el “Padre Nuestro”.

Aquí entra a colación el tercer tema que es: “Jesús les propuso esta parábola para inculcarles que es preciso orar siempre y sin desfallecer”. Jesús demuestra a sus discípulos que una razón para invocar a Dios de forma reiterada es la gran necesidad de justicia. Pero las motivaciones más profundas no radican en la necesidad sino en la fe y en el amor.

Nos acercamos a Dios, no únicamente a pedir, no únicamente porque tengamos grandes aflicciones, nos acercamos a Dios porque creemos en Él, nos ama y nosotros correspondemos a su amor. Sin embargo, Nuestro Señor acaba su discurso haciendo una pregunta que desconcierta: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en este mundo?”.

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