Opinión

¿Cuáles fueron las tentaciones de Jesús en el desierto?

Tentaciones en el desierto (Mt 4,1-11)

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

 

¿Cuáles fueron las tentaciones de Jesús en el desierto?

Al leer las tentaciones del diablo a Jesús en el desierto nos preguntamos si solamente en esta ocasión Jesús fue tentado o tienen un valor simbólico estas tentaciones.

Los tres evangelios sinópticos, es decir el de Mateo, Lucas y Marcos nos narran que Jesús una vez que fue bautizado por Juan en el Jordán se retiró al desierto. El evangelio de Mateo que leemos hoy nos dice que las tentaciones se presentaron una vez que Jesús había cumplido cuarenta días de ayuno y tenía hambre. Debido a que se trata de un acontecimiento previo al llamado de los primeros discípulos podría parecernos una elaboración simbólica, que coloca a Nuestro Señor Jesucristo recorriendo el mismo camino que el pueblo recorrió en cuarenta años por el desierto, guiado por Moisés.

Leer: Las tentaciones, una reflexión para la Cuaresma

También nos recuerda la travesía de Elías, el profeta, desde Palestina al monte Horeb. Es algo normal en la vida de todo ser humano el estar sujeto a tentaciones a lo largo de toda la vida. Por tanto, el pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto, pueden servirnos como una muestra de aquello que debió superar el Señor a lo largo de toda su vida.

La primera tentación versa sobre la invitación de convertir las piedras en pan. El sentido de esta tentación puede radicar en varias vertientes. La primera de ellas es la ruptura de un ayuno perdiendo todo sentido religioso de aquellos cuarenta días.

La segunda vertiente radica en el uso de las propias facultades para provecho personal. Jesús era poderoso pero ese poder no era para ocuparlo en sí mismo sino para realizar signos de la cercanía del Reino de Dios. La segunda tentación mira a poner a prueba a Dios. Jesús gozó toda su existencia de la protección divina, pero de ninguna manera lo autorizaba a cometer imprudencias como la que le proponía el maligno.

Muchas ocasiones a lo largo de su ministerio en Galilea y su subida a Jerusalén hubo ocasiones de actuar o hablar imprudentemente, pero el Señor siempre resistió poner a prueba a Dios. La tercera tentación es la idolatría, que contradice directamente el primer mandamiento, Jesús expresa la frase definitiva solamente a Dios se le debe adorar, solo a Él amarlo con todo el corazón y con toda el alma y al maligno le toca retirarse a su sitio.

San Lucas propone que así sucedió hasta el momento en que el maligno volvería a tener su oportunidad. El episodio de las tentaciones en el desierto, puesto que nos es reportado por tres de los cuatro evangelistas, tiene fuerte probabilidad de haber ocurrido, pero también tiene un valor simbólico y representa la constante victoria de Jesús contra el maligno.

 

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