Opinión

¿Cómo interpretar correctamente las palabras de Jesús?

Lectura del santo Evangelio (Jn 6, 60-69)

En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús, dijeron:

«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»

Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:


«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.

Y dijo:

«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

«¿También vosotros queréis marcharos?».

Simón Pedro le contestó:

«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

¿Cómo interpretar correctamente las palabras de Jesús?

Nuestro Señor Jesucristo es heredero de la cultura hebrea y no de la cultura griega, por tanto, debemos comprender que para los judíos la carne y el espíritu son partes irreductibles de todo ser humano pues así fuimos creados desde el principio por Dios.

Sin embargo, es importante considerar que Nuestro Señor constantemente introdujo dentro del discurso religioso la trascendencia de la vida. En efecto, dijo: “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, y en este mismo discurso del pan de vida dijo que el maná fue dado por Dios, pero que el verdadero pan del Cielo, el que da la vida eterna era su propio cuerpo y su propia sangre”.

A lo que tiende la humanidad no es a quedarse en este mundo sino a trascender más allá de la muerte. Por eso el discurso meramente carnal o físico no aprovecha para la vida eterna, no aprovecha para nada relacionado con la vida del más allá.

Ya la semana pasada vimos cómo Jesús trataba de que su discurso fuera comprendido de una manera espiritual, no meramente carnal o material. En efecto, Dios, desde la perspectiva judía no es material, no es una fuerza de la naturaleza o la naturaleza en su conjunto. Dios está siempre más allá de este universo. Por tanto, san Juan propone a lo largo de todo su evangelio que hay que superar todo discurso meramente carnal, porque no lleva a la verdadera vida a la vida eterna.

En este sentido, vemos el día de hoy que todos aquellos entusiastas por la multiplicación de los panes y peces, o bien por un nuevo maná, se quedaron defraudados ante el discurso de Jesús y lo catalogan de “forma de hablar intolerable”.

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