La farsa del mundial de futbol
El Mundial de Futbol 2026 ha sido presentado como un acontecimiento histórico para México. Mientras tanto, se anuncian obras públicas cuestionables y gastos que afectan la movilidad, lo que abre el debate sobre si el evento será realmente un beneficio o solo un gran espectáculo político.
Comisionado de la Doctrina de la Fe en la Arquidiócesis Primada de México y miembro de la Comisión Teológica Internacional (CTI). Es director del Observatorio Nacional de la Conferencia del Episcopado Mexicano y fue rector de la Universidad Pontificia de México, cargo que ocupó durante tres trienios.
Mucha publicidad se ha realizado en torno al próximo mundial de Futbol con una propaganda desmedida por parte de nuestras autoridades federales y locales. Señalan que esperan cerca de cinco millones de visitantes y una derrama económica multimillonaria, unida a una ocupación hotelera y una demanda de servicios pocas veces vista. ¿De veras? ¿No será un distractor más?
Para comenzar, en nuestra ciudad de México solamente habrá 5 partidos incluyendo la inauguración, más otros 4 en Guadalajara y otros 4 en Monterrey con un total de 13 en nuestro país, mientras que habrá más de 95 juegos en los Estados Unidos, donde realmente se desarrollará ese torneo futbolístico. Además del protocolo para el sorteo de los juegos realizado en Washington con la presencia de los presidentes de México, Canadá y Estados Unidos, en realidad ya no hay nada importante para la capital de la república, fuera del partido inaugural que es más bien simbólico entre México y Sudáfrica.
Se habla de una serie de obras importantísimas para recibir a los “millones de visitantes” que tendremos entre junio y julio de este 2026, mientras que lo realmente están realizando con presupuesto público es algo mínimo y totalmente inútil como la ciclovía en la Calzada de Tlalpan, una de las pocas arterias de desfogue de la ciudad de México ahora totalmente entorpecida para que puedan circular un promedio de 20 bicicletas por hora, contra miles de automóviles, transporte público interno y foráneo y cientos de tráileres y demás que no tienen otra opción. Al mismo tiempo el cambio innecesario de más de 10 kilómetros de banquetas de concreto por un material de adoquín frágil y de poca duración, como si no hubiera obras más urgentes y necesarias para nuestra abandonada ciudad.
¿Quién puede pedir cuentas a la Jefa de Gobierno por esta mala estrategia y estos gastos tan mal utilizados? ¿Porqué los miles de afectados como son comercios, escuelas, hospitales y los usuarios del transporte público arrojados al arroyo vehicular no se quejan? ¿Dónde está la voz de la sociedad civil capitalina y las organizaciones intermedias y los medios de comunicación para denunciar estos atropellos?
Para colmo, la remodelación del Estadio Azteca con recursos privados va a reducir su aforo de cien mil a ochenta mil espectadores y a intentar por enésima vez cambiarle el nombre. El mundial para nosotros será intrascendente, pero los políticos de todo sacan provecho.
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