Opinión

¿Qué es la paz?

Evangelio según San Lucas (12, 49-53)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

“La paz sea con ustedes…” 

Dentro del camino que sigue Jesús hacia Jerusalén, comenzado en el capítulo 9 de san Lucas, el Maestro ha ido enseñando a sus discípulos lo que comprende la misión que deberán cumplir, en el capítulo 10 envió a los setenta y dos discípulos, quienes regresaron muy contentos de haber expulsado hasta demonios en nombre del Mesías.  

Más tarde, dialogó y discutió con los doctores de la ley, sobre quién es el prójimo y entre éstas diversas enseñanzas llegó el momento, después de mencionar lo secundario de los bienes temporales, el peligro de las riquezas y la importancia de la oración; que el mensaje de Jesús se tornó un tanto fuerte y hasta alarmante: “¿Creen que he venido a traer la paz sobre la tierra? No, les digo; sino la división” (versículo 51). 

Recordemos que uno de los mejores deseos de los judíos a los demás, es Shalom, la paz sea contigo; de hecho, es muy parecido el saludo de los musulmanes y de los judíos, tanto en su forma de pronunciarse, como en su significado. La paz, de hecho, es la misma instrucción que, dos capítulos antes, Jesús dio a sus discípulos. Que cuando entraran a un pueblo o una casa: desear la paz, la paz sea en esta casa y si ahí hay gente de paz, la paz de ustedes descenderá sobre ellos, si no, regresará a ustedes. (Lc. 10,5) 

Desde este punto de vista, podemos entender que la paz, es un concepto integral, no quiere decir que nada más quien no tiene problemas está en paz, sino que es una suma de varios aspectos que, viviéndose en armonía, dan como resultado la paz.  Es el resultado de la presencia de Dios en nuestras vidas y no sólo la ausencia de conflictos.  

Veamos algunos ejemplos, podríamos decir que quien tiene dolor, no está en paz, quien tiene un sufrimiento no está en paz, pero si aplicamos esto a una mamá que acaba de dar a luz; la alegría inmensa de acercar a su pecho a su hijo recién nacido, es inmensamente más grande, que el gran dolor que siente todavía su cuerpo y aún más conforme va pasando la anestesia; aquella mujer, a pesar de su sufrimiento, está en paz.  

Quien ha robado, sea cualquiera que sea su profesión, ¿cómo puede comer en paz? Aunque sea en el restaurante más lujoso o en el yate más sofisticado, ese alimento no le llena de paz, por la manera en la que se ha procurado esos bienes. 

Quien deja a su bebé en el basurero del hospital por ir en contra de su “proyecto de vida”, ¡ojalá que viviera en paz! Pero, como dice Jesús, si esas personas son hijos de la paz, la paz de ustedes descenderá sobre ellos, si no, ¡regresará a ustedes!