Opinión

Evangelio del 28 de agosto: No te sientes en el lugar principal

No te sientes en el lugar principal (Lc 14, 1. 7-14)

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Así afronta el creyente las dificultades

Una de las características presentes en los evangelios es la creciente tensión entre Jesús y los fariseos o los escribas, fueran tanto fariseos como saduceos. En la medida en que el Señor se acercaba a Jerusalén esta tensión se fue incrementando hasta llegar a la decisión de darle muerte. El evangelio de este domingo inicia poniéndonos en este contexto de antagonismo y asechanza por parte de los fariseos al visitar Jesús y los suyos la casa de un jefe de fariseos. Es esto lo que dio ocasión al Señor de dar la enseñanza sobre la búsqueda de los primeros puestos en los banquetes.

La imagen que nos pinta la narración hace suponer que los primeros puestos en los banquetes radican en la cercanía con el centro de la mesa. Mientras más alejado se estuviera del centro, menor era la importancia que tenía la persona. Esto nos lleva al planteamiento de la pregunta ¿En qué radica la importancia de una persona? ¿En que ella la arrebate con violencia? ¿En que espere pacientemente a ser valorado por otros? La forma en que el Señor Jesús enfocó su propia existencia, y que es la forma en que enseñó a sus discípulos a enfocar la propia fue: “el individuo no está solo en este mundo, todos tenemos un Padre celestial que vela por nosotros”.

Esta es la convicción fundamental de fe y de vida que aplica Jesús al decir: “todo el que se enaltece a sí mismo será humillado, y todo el que se humilla será enaltecido”. ¿Cuál es el agente de estos pasivos: será humillado… será enaltecido…? No se trata de fuerzas ciegas de la naturaleza sino de Dios, Padre providente, que humilla y enaltece a cada uno de nosotros. Para concluir podemos volver a considerar la tensión entre Jesús y los fariseos ¿Cómo la habrá afrontado el Señor, a partir de esto que enseñaba? Para un cristiano y sin duda para el mismo Cristo, las contrariedades son algo normal en la vida, no las afronta en soledad o aislamiento, sino sostenido por la confianza de estar en las manos de Dios Padre.

 

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