Opinión

Evangelio 17 de julio de 2022 y reflexión: María escogió la mejor parte

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”. El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. Palabra del Señor.

Jesús pide contemplación

Las protagonistas de este Evangelio son dos mujeres, hermanas (en el evangelio según San Juan se presentan como hermanas de Lázaro, amigo de Jesús) con actitudes antagónicas, que a lo largo del tiempo se han tomado como referentes, una, de la vida activa, mientras que la otra, de la vida contemplativa.

Sin embargo, en la vida de un buen cristiano, podríamos decir que estas dos actitudes se conjugan adecuadamente para un mejor seguimiento del Maestro: mientras que no hay que olvidar las actividades y responsabilidades que tenemos, hay que dar prioridad a la búsqueda y escucha de Cristo.

Resuena todavía en el Evangelio que hemos escuchado, la primera lectura (Génesis 18,1-10) donde con el patriarca Abraham se nos muestra la obligación sagrada, el deber de acoger al forastero, lo cual siempre fue una columna en el actuar moral del pueblo de Israel y la tradición semita, ya que negar el recaudo, el alimento o cobijo al forastero, en esos agrestes caminos y condiciones climáticas, era casi una condena de muerte. Es por esto que escuchamos al padre de naciones decir: “Señor mío, si he hallado gracia ante tus ojos, no pasar sin detenerte en casa de tu siervo” (v. 4)

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En el texto del Nuevo Testamento que se proclama este domingo, se añade que no solamente se está dando hospedaje a Jesús como si fuera cualquier otro forastero, sino que Él, como Maestro, requiere que se le escuche, que se le ponga atención, que se le atienda, en un sentido más profundo que sólo darle de comer o preparar la cena. Él pide contemplación, como la de María, quien en las propias palabras del Amigo que les visitaba, asegura haber “escogido la mejor parte”. Ha acertado en aquello a lo que dedicó su tiempo delante de Jesús, no a afanarse con tantos pendientes, sino a escucharlo profundamente; no sólo oír lo que dice, sino poner toda la persona en disposición de entender el mensaje que trae, lo cual requiere una actitud completamente demandante de atención, que va más allá de los accidentes de tiempo, de espacio. ¿A quién le puede importar si no hemos comido cuando estamos escuchando a Jesús?, ¿a quién le importa si hace frío o calor, si estamos con el amado Rabí?

Al respecto, recuerdo aquella fría madrugada del 24 de enero año de 1999, en el autódromo Hermanos Rodríguez. Siendo seminarista, sólo nos permitieron llevar puesta la sotana y nuestro gafete de acceso, entramos hacia las 4 de la mañana al espacio que concentraba más o menos un millón de personas; el otro millón quedó afuera, esperando tan sólo ver pasar a un amigo: San Juan Pablo II. No exagero con las cuentas, porque no leí una reseña sino porque pasé en medio de un mar de personas, textualmente, porque hasta donde llegaba la mirada, desde el templete que sirvió como presbiterio, se veían cabezas, que al ritmo de cantos se movían como en olas para distraer de alguna manera la helada que caía. A pesar de no traer chamarra, de no haber desayunado o comprado cosas para acampar, estábamos atentos a lo que el sucesor de Pedro quería decirnos.

Creo que pocas veces en la vida he contemplado, pero ese día aseguro que elegí, como María, la mejor parte, porque no nos importó si habíamos ya comido o si teníamos frío, porque como nunca el corazón ardía como cuando resonaban las palabras de Jesús en los corazones de tantos jóvenes y personas que, en ese gélido amanecer, elegimos la mejor parte, la de estar con el Amigo.

Con toda razón se le cantaba una y otra vez esa canción al Papa Mexicano, ese mismo gran amigo interceda por esta patria que quiso tanto.

FRASE: Creo que pocas veces en la vida he contemplado, pero ese día aseguro que elegí, como María, la mejor parte.

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